Por Pedro Corzo
Los verdugos iraníes como Fidel Castro y sus acólitos, en mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son fundamentalistas del poder.
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| Fidel Castro y el ayatolá Jameneí. |
Todo parece indicar que los más altos funcionarios del
gobierno de Estados Unidos han llegado a la conclusión de que la convivencia
con el totalitarismo castrista es imposible, asumiendo que es ineludible situar
al depredador mimetizado como perpetua víctima, en el lugar que le corresponde.
Cierto que las relaciones entre Washington y La Habana a
partir de la llegada de los Castro al poder han sido caóticas con periodos muy
difíciles, los que paradójicamente, a mi modo de ver, han concluido con
ventajas publicitarias para la Isla, en detrimento del vecino poderoso
entrampado por su propia fortaleza.
La Cuba de los Castro ha sido muy hábil en presentarse
como el cordero martirizado, cuento, que muchos estadounidenses se han creído
por años, sin ser una excepción, las últimas visitas de funcionarios electos,
quienes criticaron a su gobierno por presionar a la dictadura, no al régimen
por reprimir a la población, menos, por el bloqueo interno impuesto al
ciudadano que lo ha sumido en la extrema miseria.
Confieso que vi con mucha satisfacción el debate en
Naciones Unidas entre el embajador Michael Waltz y el esbirro con corbata del
castrismo Bruno Rodríguez, quien intentó neutralizar a Waltz con sus
acostumbradas diatribas y este, como se decía en Cuba, le canto las cuarentas
al decirle simplemente, «esto no es La Habana», además, me complace en extremo
ver como el embajador Mike Hammer, encargado de negocios de este país en Cuba,
es un defensor de la causa democrática cubana, sentimiento que expresa
públicamente.
Por otra parte, y aunque las afirmaciones del secretario
de Estado, Marco Rubio, de que el régimen cubano contribuye al desarrollo de
grupos extremistas de izquierda no es una novedad, el tono en el cual lo
expreso fue como si su gobierno no fuera a seguir tolerando las maquinaciones
destructivas de los castristas.
Hay mucha información que demuestra que Cuba sirvió a la
URSS con devoción por el odio compartido contra Estados Unidos, verdadero
nutriente del totalitarismo insular.
Mencionar a Irán y Cuba, demostrar que ambos países están
confabulados en la misión de apoyar a los extremistas de izquierda, nos conduce
a recordar los estrechos y profundos vínculos de La Habana con Teherán,
relaciones que solo han procurado a través de los años, 1979, gestionar el
fortalecimiento de ambos regímenes, junto, a la mutua disposición de destruir
las democracias y toda forma de vida en libertad.
La República Islámica de Irán ingresó a la farsa del
Movimiento de los No alineados, una organización de carácter mundial que fuera
muy útil a la extinta Unión Soviética, cuando esa entidad estaba bajo el
liderazgo indiscutido de Fidel Castro.
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| El primer aliado de la revolución islámica en este hemisferio fue Fidel Castro. |
Los ayatolas se percataron que Castro era su igual,
compartían un profundo odio hacia quienes ellos llaman el Gran Satán,
codiciando lo mismo: «la muerte a América», consigna que primer líder supremo
de Irán, Ruhollah Jomeini usó ampliamente en los días iniciales de la revuelta
que lo llevó al poder, algo parecido a lo que Fidel le escribió en una carta a
Celia Sánchez en la que señala que su futuro y verdadero enemigo iba a ser
Estados Unidos.
El primer aliado de la revolución islámica en este
hemisferio fue Fidel Castro, de inmediato ambos despotismos que deberían haber
sido enemigos mortales si realmente hubieran sido honestos en sus propuestas
filosóficas, encontraron áreas políticas e ideológicas comunes en los cuales
promover sus verdaderos intereses: el poder y su expansión.
Los verdugos iranies como Fidel Castro y sus acólitos, en
mi opinión, nunca han actuado en base a doctrinas religiosas o ideologías, son
fundamentalistas del poder, sujetos obsesionados con el control y la autoridad,
condición que explica la colaboración estrecha entre las propuestas del
castrismo y lo que promulgan los ayatolas, formulas antagónicas, aunque los
oportunistas se esfuercen por hacerlas compatibles.
Castro recurrió a las fórmulas marxistas porque le
aportaba una propuesta de reivindicación y alianza vital con una gran potencia
dispuesta a facilitarle recursos y una siempre necesaria retaguardia, los
ayatolas, con independencia de sus creencias religiosas, pactan con sus
enemigos naturales por el odio compartido.
La misión de los amos de Teherán y La Habana nunca dejará de ser la destrucción de lo que representa este país. En mayo de 2001, durante una conferencia en la Universidad de la capital de Irán, Fidel Castro, dijo «Irán y Cuba, en cooperación mutua, pueden poner a Estados Unidos de rodillas». Una amenaza que siempre tratara de cumplir.
(*) Tomado de 14Ymedio.com


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