Monday, June 12, 2023

Martí y el danzón

Por Enrique Del Risco

      

A Jorge Ignacio Domínguez, quien me ha hecho volver a Martí


A los pueblos, como a la gente común, le gustan las simetrías. Y pensar, por ejemplo, que sus adalides políticos son a su vez adelantados estéticos y que las reivindicaciones sociales van de la mano con los atrevimientos culturales. Así hasta que se presta atención y se cae en que los próceres solían ser más conservadores que la media en sus gustos literarios o musicales. Pero entonces, cuando se trata de cubanos, aparece Martí, el primero entre todos en todo. El paladín de la independencia que a su vez tenía la última palabra en poesía modernista o pintura impresionista. Justo hasta que llegaba el momento del baile y entonces anotaba en una carta a un colaborador: “Tocan danzas en la casa mientras escribo, y me molesta: ¿quién tiene derecho todavía a tocar danzas?”

Pienso en esto al revisar el programa de una “Velada familiar en honor de la Señora Leonor Pérez de Martí” el 26 de diciembre de 1887 en Nueva York. Por íntima y familiar que fuera la velada el repertorio que se anuncia se muestra ambicioso. Los poemas que serían leídos procedían casi todos de autores cubanos: Juan Clemente Zenea, José Jacinto Milanés, Diego Vicente Tejera y hasta el propio José Martí. La sección musical sería en cambio más cosmopolita: canciones patrióticas norteamericanas, un trozo de zarzuela española, piezas de Donizetti, Gounod, Chopin. Por eso llama la atención que el colofón de la velada sea precisamente un danzón. Una pieza original compuesta por Beatriz Acosta de Tanco dedicada a la huésped de honor y madre del apóstol titulada, convenientemente, “La Leonora”.

Resulta curiosa la inclusión de un danzón en aquella velada familiar porque lo que es ahora el baile nacional no era visto en la isla como música para personas decentes que es con seguridad como se tenían a sí mismos los asistentes al homenaje a Doña Leonor. Allá en Cuba el danzón era visto con no poca reserva. El periodista Serafín Ramírez, a quien algunos consideran “el primer musicólogo cubano en el siglo XIX” o primer historiador de la música cubana”, no tenía empacho al referirse con repugnancia a ese “ritmo revoltoso y picante con que se acompaña esa degeneración de nuestra contradanza llamada danzón”. Y Ramírez insistía en que “todo lo que tiene de inconveniente y grotesco” no se debía a la sensualidad del baile sino a sus propios componentes musicales. “No es el danzón el que hay que corregir sino su música”.

Por las fechas en que se interpretaba “La Leonora” en honor de la madre de Martí las diatribas contra el danzón eran lugar común no solo en la prensa cubana. Narciso Gener Gonzales periodista norteamericano (e hijo del cubano Ambrosio José Gonzales, compañero de expediciones de Narciso López —con cuyo nombre bautizó a su hijo— y coronel sureño durante la Guerra Civil) describe así un baile en el Parque Central de La Habana en el último domingo de carnaval:

Cientos de mujeres, casi todas enmascaradas y casi todas de color, bailaban al son de una música fantástica —un vals nativo, lento y curioso, llamado danzón— con cientos de hombres blancos. De ninguna manera era una visión agradable; era algo repulsivo para las ideas sureñas; pero no demostraba otra cosa que [el hecho de que] los latinos exhiben las inmoralidades que los anglosajones suelen encubrir cuidadosamente. Las mujeres eran del bajo mundo, y los hombres, por regla general, eran obviamente quienes las mantenían; se encontraban en ese lugar público y hacían ostentación de sus relaciones en frente de los curiosos; era el lado sórdido del tejido social que se revela con una sangre fría propia de los latinos, quienes consideran hipócritas a sus vecinos del norte porque, teniendo los mismos vicios, se esfuerzan mucho por ocultarlos.


No obstante, la decencia es, como se sabe, un concepto muy relativo. Lo que se consideraba vulgar en La Habana, en Nueva York podía considerarse cosa patriótica, muestra de la autoctonía más venerable. Por otra parte, ahora va siendo lugar común entre los que escriben sobre finales del siglo XIX afirmar que el danzón “se asociaba con los ideales libertarios de esos años”. El crítico Roberto González Echevarría ha afirmado que “al igual que el béisbol, y quizás aún más que este deporte, la música cubana y la aparición del danzón, desempeñaron un papel fundamental en la constitución de la conciencia nacional”. En otro momento González Echevarría nos dice que bailar “el danzón, gustar de una literatura estetizante y erótica, practicar el béisbol eran todas actividades modernas y contrarias al espíritu del régimen colonial”.

El gusto humano por la simetría ha hecho que los historiadores vean avanzar codo a codo el nacionalismo político y el musical cuando la realidad suele contradecirlos. El historiador Jesse E. Hoffnung-Garskof, autor del interesantísimo Migraciones Raciales La ciudad de Nueva York y la política revolucionaria en el Caribe español, 1850–1902 reconoce que “como periodistas que se ubicaban en al ámbito público” Rafael Serra, fundador de la “Sociedad Protectora de la Instrucción La Liga” para negros cubanos y puertorriqueños que funcionaría en Nueva York entre 1890 y 1895 y Martín Morúa Delgado, futuro presidente del senado de la república cubana “tenían que preocuparse por la reputación de las sociedades de color, ya que cualquier imagen negativa de ellas restaría valor a su defensa de la igualdad de derechos civiles y políticos. Por ello, acabaron adoptando una línea dura” contra el danzón. A pesar de todas las evidencias en sentido contrario Hoffnung-Garskof se siente tentado a imaginar que la actitud sombría de Serra fuera “solo una proyección pública, que también se permitiría de vez en cuando escuchar o tocar las palmas, cuando los vecinos tocaban y bailaban rumba en su barrio, que se reiría discretamente al escuchar las inteligentes alusiones y las referencias musicales a la sociedad Abakuá en las obras de Failde”. No obstante, el entusiasta historiador norteamericano debe reconocer que no tiene pruebas de que el comportamiento de Serra “en privado respecto a los bailes y la música difiriera de la severa opinión que hizo pública”.

Otra de las grandes figuras negras del independentismo, el periodista Juan Gualberto Gómez, también abominó públicamente de las “prácticas bárbaras” que representaban los bailes afrocubanos: “¿No es verdad que los bailes que las Sociedades de la clase de color han servido mucho para el progreso, la cultura y la moralidad de nuestra raza? … Nuestra juventud, en buena parte, se dedicaba a los juegos de ñáñigos, a los tangos, a los bailes inmorales de la cuna de Guanabacoa, y de los altos de Albizu … entonces se crearon las sociedades y sus bailes vinieron a representar un positivo progreso sobre los tangos y las contorsiones del ñañiguismo…”.

Por su parte, figuras definitorias del independentismo como los generales Antonio Maceo y Máximo Gómez parecían menos reacios a participar en los bailes populares. Si de Maceo se dice que era un buen bailador y no se hacía de rogar a la hora de demostrarlo Máximo Gómez da fe en varias entradas de su diario de campaña que no le disgustaba participar en los bailes a que lo convidaban en tiempos de guerra o de paz. En la Nochebuena de 1872 Gómez atesta que en Buenaventura los vecinos lo obsequiaron esa noche “con una cena y un baile que pasé divertido en compañía de aquella buena gente”. Y el 22 de septiembre de 1888 en Puerto Plata en su natal República Dominicana hace constar que fue “invitado a un gran baile donde conocí muchas más personas de ambos sexos”. No obstante, casi justo una década más tarde, el 24 de septiembre de 1898, conclusa la guerra por la intervención norteamericana Gómez expresa su disgusto “por la pena de ver separarse de mi lado a varios de mis ayudantes disgustados porque yo no acepté excesos de baile en mi propia tienda. Esto causó una impresión desagradable en todos, y constituyéndose cabeza de sedición Valdés Domínguez [el amigo de Martí, quien] arrastró en su locura hasta a Miguel Varona, el joven oficial más mimado del Estado Mayor”.

La inclinación —o no— por el baile dependía, como suele suceder, de la naturaleza de la persona en cuestión, aunque a nivel popular los cubanos solían distinguirse de los españoles por el gusto por ciertos bailes y ritmos autóctonos que las élites de uno y otro bando coincidían en despreciar por consideraciones racistas o clasistas. No en balde uno de los apodos despectivos con los que los cubanos se referían a los españoles era el de “patones” sinónimo local de ineptos para el baile. En cambio, los líderes cubanos, ya fuera por inclinación personal o porque en ellos el peso de la opinión pública era mayor, solían cuidarse de que su inclinación por los bailes populares no los hiciera parecer frívolos o indecentes.

Por otra parte, en el caso de las élites blancas criollas se puede apreciar el intento de homologar su racismo con el de las “naciones civilizadas” que, como Estados Unidos, le daban a este una justificación científica, darwiniana, antes que moral o clasista. El más conocido y feroz ataque público contra el danzón salió de la pluma del criollo Benjamín de Céspedes, plasmado en su libro La prostitución en la ciudad de La Habana. El mismo autor que un año más tarde describe el béisbol como “un pintoresco ensayo de democracia en sus formas más amables y sencillas” describe así los bailes habaneros:

Desde el modesto estrado hasta el amplio salón de la más encopetada sociedad pública, acuden todos confundidos y delirantes á remedar sin pudor ni decoro escenas sáficas de alcoba, bautizadas con los nombres de danza, danzón y Yambú. Músicos y compositores,—por lo general de la raza de color,—rotulan con el dicharacho más expresivo, recogida de la calle o del tugurio, sus abigarradas composiciones, cuyos ritmos son la expresión musical imitativa de escenas pornográficas, que los timbales fingen como redobles de deseos, que el ríspido sonsonete del guayo como titilaciones que exacerban la lujuria y que el clarinete y el cornetín, en su competencia estruendosa y disonante, parecen imitar las ansias, las suplicas y los esfuerzos del que lucha ardorosamente por la posesión amorosa.

No era De Céspedes, en lo político un representante de la reacción integrista. Todo lo contrario. Según el estudioso Jorge Ignacio Domínguez “De Céspedes, médico de familia acaudalada, había estudiado en Francia y España, era separatista, profesaba un criollismo ingenuo y extremista, y en sus ratos libres era presidente de la Liga Anticlerical de la Isla de Cuba”. Téngase en cuenta además que La prostitución en la ciudad de La Habana fue prologado por Enrique José Varona —el mismo que sustituiría a Martí al frente de Patria— quien comenta allí que “si Cuba participa imperfectamente de la cultura europea, en cambio ha recibido sin tasa el virus de su corrupción pestilente” y que en el libro se verá como efecto de la “colonización europea […] lo que han dejado las piaras de ganado negro, transportadas del África salvaje”. Salvaje como nos puede parecer el racismo de La prostitución en la ciudad de La Habana este libro fue percibido en su época antes que nada como ataque al régimen colonial. Al año siguiente el escritor integrista Pedro Giralt en un libro titulado El Amor y la Prostitución, Réplica a un libro del Dr. Céspedes denuncia al de De Céspedes como inspirado por “la musa histérica del criollismo exaltado”. A diferencia de lo que preferirían estudiosos como González Echevarría o Jesse E. Hoffnung-Garskof la realidad entonces como ahora no andaba muy interesada en las simetrías y hubo independentistas racistas, defensores del béisbol que despreciaban el danzón y antirracistas afrocubanos que consideraban el futuro baile nacional como indecente, salvaje y corruptor.

Como en casi todo, la actitud de Martí hacia el danzón en particular y hacia el baile en general es bastante más compleja —y documentada. El baile no parece haber sido lo suyo. En un poema poco conocido —lleno de lugares comunes y apenas notable por el ímpetu que el autor imprimía en todos sus escritos— Martí comienza exaltando la danza en lo que tiene de sensualidad (“¡Bella es la vida en mágico embeleso!”) para luego interrumpir el placer del baile con una pregunta “¿qué es esto con que mis pies tropiezan?/-¿Esto? Nada./ La honra de una mujer que se ha caído”.

En otros escritos y al igual que otros escritores citados antes, Martí asocia el baile a la corrupción del régimen colonial y celebra el aparente abandono del estereotipo del cubano bailador: “¡Se acabó el cubano bailarín, como tipo del cubano, y hay menos danza y vicio entre los hijos de Cuba, aunque no lo parezca así en esta ciudad o la otra, que en la mayoría de los pueblos del mundo!”. En buena parte de las escasas referencias de Martí al baile, este cuando no corrompe distrae de la magna tarea de liberar la patria. Es así como compara a unos tabaqueros fiesteros de Cayo Hueso con los que en una fábrica de Tampa trabajan el domingo para entregar sus honorarios a la causa. Por eso el periódico Patria opta por:

celebrar a los cubanos que después de trabajar toda la semana para sus casas, trabajaron: como muchas otras veces su día de descanso, su domingo, para el tesoro con que han de conseguir su honra de hombres y la de sus hermanos. Algún danzón, recién salido de quién sabe dónde, puede fisgar entre un coñac y otro, del codo, de su teniente, a esos “tabaqueros” del Cayo: Patria prefiere, desde el corazón, enviar su saludo a los tabaqueros de la casa de O’Halloran.

Pero Martí sabe que no puede ignorar la importancia del baile en el mundo que lo rodea. Por mucho que el patriota insista en su raro ascetismo mientras el escritor celebra el placer de las bellas artes, el baile está demasiado enraizado en la sociedad moderna, en la cultura cubana e incluso entre sus seres queridos, como para renunciar a él. Al comunicarse desde México en 1894 con su María Mantilla en Nueva York le anuncia un regalo: “¿A que no sabes qué te llevo? ‘Cuatro danzas’ lindas, de un señor de acá de México, [dedicadas] a las cuatro hijas de mi amigo Mercado”. A continuación, Martí describe el ambiente festivo con que lo han agasajado en casa de Manuel Mercado pero no puede contener la advertencia impertinente: “lo admirable aquí es el pudor de las mujeres, no como allá, que permiten a los hombres un trato demasiado cercano y feo. Esta es otra vida, María querida. Y hablan con sus amigos, con toda la libertad necesaria; pero a distancia, como debe estar el gusano de la flor. Es muy hermoso aquí el decoro de las mujeres. Cada una, por su decoro, parece una princesa”.

Tampoco en el ámbito patriótico Martí puede prescindir de la fiesta, como mismo la fiesta cubana puede prescindir del baile. El pueblo al que Martí pretende servirle de mesías disfruta demasiado de un buen danzón no ya para pedirle que renuncie a disfrutarlo sino para no usarlo como patriótico cebo. Por eso al anunciar en Patria una fiesta de “la honrada Sociedad de Beneficencia” afrocubana “La Igualdad”, el lunes 27 de junio de 1893 “en el parque de Sultzer, en la calle 126 y la Segunda Avenida” Martí insiste en anunciar al son de qué músicos se bailará como modo de garantizar la asistencia: “esta vez no habrá en el jardín palmo de tierra vacío, porque los profesores Hourruitiner y Duarte van a tocar la música de Cuba”.

Pero más allá del pragmatismo de no oponerse a que sus compatriotas se reúnan con el pretexto de divertirse Martí necesita distanciarse de los políticos al uso. Martí, además de comprobar la eficacia de la fiesta y el baile para convocar a los emigrados siente que debe exigirse un mínimo de coherencia. Ese que se ha llamado “hombre sincero de donde crece la palma” necesita un punto de comunión con el entusiasmo de sus compatriotas por un baile que no parece entender del todo. Quien ha hablado en “Nuestra América” de “los hombres naturales” que “han vencido a los letrados artificiales” debe demostrarse a sí mismo que no es un letrado artificial. Quien afirma que “el mestizo autóctono ha vencido al criollo exótico” necesita convencerse que no es él ese criollo que solo se entusiasma con las bellas artes procedentes de Europa. Martí, tan exquisito en sus gustos musicales, necesita encontrar en la fiesta y la música de sus compatriotas un sentido trascendente para hacerla suya, íntima y, al mismo tiempo, útil para la patria futura. Aquellos que van a reunirse en la fiesta de “La Igualdad” son “nuestros hombres, y gozamos con verlos adelantar, y vencer, en el arte difícil de asociarse, que es el secreto único del bienestar de los pueblos, y la garantía única de mi libertad” comenta en el anuncio de la fiesta. Al mismo tiempo que anima a la asistencia, con esa famosa incapacidad martiana para tomarse algo a la ligera, Martí necesita asegurarse de que un baile no se reduce al goce efímero que experimenta quien se contonea con el ritmo de moda. Por eso cree sorprender en los bailadores, en el momento de comenzar a moverse al compás de las notas excitantes de un danzón, el mismo fervor que él le consagra a su labor de desterrado: “¡La danza más inquieta, en el destierro, se oye con religiosidad! Y antes de bailar, —como que se detiene el bailador a pensar un instante, como que saluda! Va a ser extraordinaria la concurrencia a la fiesta de “La Igualdad”, concluye.

 

Friday, June 9, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XXIV

 Por Guillermo A. Belt

 

El primer día del año 1896, al terminar el breve combate de El Estante, cumplía el general Serafín Sánchez la orden recibida del general Gómez de regresar a Las Villas para activar allí las operaciones, aprovechando la circunstancia de haber acudido a las provincias occidentales casi todo el ejército español.


Volvimos a cruzar el Hanábana cuya anchurosa corriente contemplé con melancolía recordando los dos cruces de los días álgidos de la Invasión. Dejábamos atrás la trágica Matanzas, acercándonos a la comarca inmortalizada por la victoria de Mal Tiempo. Por todas partes una quietud desconcertante, como si hubiera terminado la guerra.

El general Sánchez recorre el territorio dando órdenes de reclutamiento y concentración. Así logra organizar una nueva columna de unos dos mil hombres y al frente de ella marcha en dirección a Villaclara. Pronto comienzan las dificultades, descritas por el general Máximo Gómez en su Diario de campaña, que Enrique Loynaz del Castillo cita en las memorias que venimos rescatando.

Escribió el General en Jefe: “El Gobierno había nombrado para Las Villas y Occidente delegado con amplísimas facultades al Secretario del Interior (ni siquiera al de la Guerra) doctor Santiago García Cañizares, al que me encuentro hecho una autoridad terrible. Este hombre revestido de tan amplias y extraordinarias facultades lo centraliza todo, y ni Dios que hubiera sido militar le podía hacerse mover.”

Ante este nuevo conflicto entre la autoridad civil y la militar el general Gómez llama al Dr. García Cañizares a su cuartel general. “… y aunque al principio contestó a mi llamamiento con evasivas, al fin vino donde yo estaba, y la entrevista, que a su comienzo fue acalorada, terminó de feliz manera, pue él se convenció de los muchos trastornos que nos producían esas extralimitaciones, y que el mucho gobernar y legislar no era ni bueno ni práctico, dadas nuestras condiciones y manera de hacer la guerra. Nosotros, recuerdo que le dije, no le hacemos ningún daño a España con decretos, sino con hombres que sepan dar mucho machete.”

En la mañana del 8 de febrero, tras acampar la tarde anterior sobre los cerros de Manajanabo, Serafín Sánchez demostrará la veracidad de la afirmación de Máximo Gómez sobre cómo hacer daño al enemigo. Loynaz del Castillo describe el terreno: [los cerros son] pequeñas elevaciones ondulantes cubiertas de yerba de escasa altura, que afectaban la forma de un semicírculo extendido un kilómetro. Frente a esta línea semicircular extendíase un arroyo de márgenes pantanosas y a unos seiscientos metros de los cerros, siendo el terreno intermedio de potrero limpio y de suave pendiente. En ambos extremos de la línea de colinas se extendían montes ligeros.

Viendo las ventajas defensivas de la posición, el general Sánchez decide esperar al enemigo y presentar combate a la columna del general López Amor, calculada en 1,500 hombres o más.

Como de costumbre, encontramos en Memorias de la guerra mención de los preparativos y la descripción de la línea de combate. Por la madrugada enviáronse fuertes exploraciones y tiradores sobre la columna, en tanto que el general Sánchez situaba las fuerzas en línea de combate. A nuestra derecha el regimiento Honorato – la mejor caballería de Las Villas – con su jefe, el coronel Rosendo García; a continuación, el regimiento Victoria mandado por el teniente coronel Ángel Rodríguez; seguidamente la mitad de la escolta con el teniente Alpízar, a mis órdenes. Continuando en la misma dirección situó el resto de la escolta con el coronel Ruperto Pina, su valeroso jefe; al frente y a la izquierda desplegó la infantería del entonces coronel José Miguel Gómez, núcleo del nuevo regimiento, el “Máximo Gómez”.

A las diez de la mañana suenan los primeros disparos entre los exploradores cubanos y el enemigo que se acerca. Poco después la caballería española cruza el arroyo y se alinea. Loynaz (recordemos que es jefe del Estado Mayor) despliega el escuadrón de la escolta a su cargo y rompe el fuego; otro tanto hace el otro escuadrón mandado por Pina. Observando masas de infantería que cruzan el arroyo, Serafín Sánchez decide que la infantería de José Miguel Gómez ataque la retaguardia enemiga ejecutando un movimiento envolvente. El general Sánchez recorre sus líneas varias veces, indiferente al nutrido fuego de la fusilería enemiga.

Al cabo de dos horas de combate la infantería española inicia un decidido ataque sobre la posición de las fuerzas cubanas. Entonces el general Sánchez, que había estado aguardando por el sonido de disparos a retaguardia de los españoles, ordenó por medio de Loynaz que el coronel Rosendo García se lanzara a la carga. Estaba el coronel impaciente, mordiéndose el bigote y desenvainando el machete se lanzó a la carga con aquellos jinetes del Honorato, una tromba de acero entre la humareda del combate.

Loynaz ordena al teniente coronel Rodríguez cargar a la izquierda del regimiento Honorato. El general Sánchez va en busca del resto de su escolta para lanzarla a la carga también. Pero los jinetes cubanos se atascan en el pantano y no logran abrir una brecha en el muro de bayonetas españolas. Sánchez ordena el repliegue a las posiciones originales. Al aproximarme a aquellos valientes, encontré al coronel Rosendo García mal herido, y los cuatro comandantes de sus escuadrones muertos, y también el abanderado, teniente Cuní. El jefe del Victoria en el momento de recibir la orden era derribado de balazo mortal, y varios de sus oficiales.

Cuando se escuchan disparos a retaguardia de la columna española, al completarse el movimiento envolvente de la infantería de José Miguel Gómez, el general español ordena la retirada de sus tropas. Eran las dos de la tarde, escribe Loynaz. El combate había durado cuatro horas. En el campo de batalla fueron enterrados veinte muertos cubanos, mientras unos 75 heridos eran atendidos por el Dr. García Cañizares en un hospital cercano.

Después de un día de descanso continuó marcha el general Sánchez con su dolorosa caravana hasta llegar a las inmediaciones del Zaza donde al cuidado de distintos prefectos se repartieron los heridos.

En los cerros de Manajanabo quedó demostrado que Cuba tenía hombres que sabían dar mucho machete.

 

 

 

 

 

 

 

Tuesday, June 6, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XXIII

 




Por Guillermo A. Belt 

Las fuerzas cubanas obligadas a mantener su única ventaja sobre el enemigo, que era la celeridad insuperable de sus movimientos, apenas descansaron unas horas después de la tremenda jornada del 29 [de diciembre]. A las seis de la mañana del 30 se renovó la marcha en el mismo orden de los últimos días: a vanguardia el general Maceo, precedido en la extrema de alguna caballería villareña; a retaguardia, por donde nos amenazaba la columna de Suárez Valdés, el general Serafín Sánchez; en el centro, como siempre, el General en Jefe, su Estado Mayor y escolta.

Enrique Loynaz del Castillo relata los incidentes de la invasión a Occidente en los últimos días de 1895, antes de avistar las inmediaciones de la provincia habanera. En una frase resume esta etapa: Repetíase, como en las lomas del Quirro, y como sucederá más adelante, la situación descrita en un rasgo elocuente del general Máximo Gómez: “El enemigo en lugar de detenernos nos empuja.” Y agrega: Limitábanse las columnas perseguidoras a ocupar los campamentos que necesariamente dejábamos atrás.

El 31 de diciembre, al amanecer, la columna invasora marcha al sur, hacia Manjuarí en la ciénaga de Zapata donde hace alto para internar a sus heridos. Luego continúa marchando hasta la medianoche y tras recorrer catorce leguas acampa en El Estante, frente a una sabana pedregosa que se extendía hasta el lindero de la provincia de La Habana.

La madrugada del nuevo año trae una sorpresa nada agradable para Loynaz y un viejo amigo suyo. El general Maceo, con la aprobación del General en Jefe, dispuso que el general Serafín Sánchez, Jefe del 4º Cuerpo, regresara al territorio de Las Villas para activar en él las operaciones que disminuyeran la presión esperada contra el Ejército Invasor.

Loynaz no especula sobre el origen de esta decisión. Tampoco lo haremos aquí, si bien transcribo la opinión de nuestro autor sobre la inesperada medida. Contrario a lo que era de presumir, no hubo presión ninguna hasta el mismo término de la Invasión. Y más tarde, cuando fue necesario consolidar el dominio de las provincias invadidas, hubo de advertirse la falta del general denodado que aportó el contingente mayor a la campaña decisiva, y cuyo heroísmo – tan alto como sus virtudes – era uno de los pilares de la Revolución.

No hay mal que por bien no venga, dice el refrán. Por disposición inmediata del general Sánchez, me encargué de la jefatura del Estado Mayor del 4º Cuerpo de Ejército, a sus órdenes.

El general y amigo le había ofrecido este cargo desde que llegaron juntos a Las Villas, y aunque lo había aceptado con júbilo Loynaz decidió aplazar la toma de posesión mientras ambos acompañaran a Maceo en su marcha a Occidente.

Era hora de despedirse. Ahora me encaminé a su tienda de campaña para darle el abrazo de Año Nuevo. Sentí en este momento honda emoción; desfilaba en mis recuerdos el afecto que nos unió en el destierro y la escena trágica de Costa Rica borrando la preterición de que me hizo objeto el panegírico de Martí junto al vivac de Canasta. Y me regaló el General una botella de vino Jerez, y otra para el general Sánchez, de quien a poco se despedía en términos afectuosos, reiterándole que sólo la necesidad de operaciones en Las Villas le obligaba a desprenderse de sus grandes servicios.

Afuera, ante las tropas alineadas, la banda de música, dirigida por el capitán Dositeo Aguilera, estremecía el campamento con las vibrantes notas del Himno Invasor. Debieron escucharlo las tropas españolas del coronel Galbis, que en esos momentos aparecieron ante nuestras avanzadas.

Mientras situaba el general Maceo la infantería de los hermanos Ducasse, rodilla en tierra, decidió el general Sánchez participar en la acción al frente de su Estado Mayor y escolta, y de la escolta del general Luis de Feria, destinado también a acompañarnos, y las desplegó de modo que tomasen de flanco a la infantería española, que ya se veía avanzar, parapetada en una cerca de piedra y haciendo fuego por descargas; a tiempo que el general Gómez iba contra ella con alguna caballería.

El general Gómez impide al enemigo envolver la vanguardia, comprometida en audaz movimiento de flanqueo por Maceo. Languideció el fuego y a poco, terminado el combate, desde la posición del general Sánchez veíase en retirada la columna española, y en marcha hacia la provincia de La Habana el ejército de Gómez y Maceo.

En tanto, silenciosos y contrariados, emprendíamos el camino de Las Villas los acompañantes del general Serafín SánchezObedezco, obedeceré siempre, me decía el General Sánchez. Y ya no volvimos a ver al maravilloso caudillo de la Invasión, al homérico adalid de Baraguá, de Peralejo, de Mal Tiempo.

Wednesday, May 31, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XXII

 




Por Guillermo A. Belt

 

Había que aprovechar la traslación de las tropas españolas al territorio de Cienfuegos – obtenida por la rapidísima maniobra de retroceso – con una penetración a fondo en la provincia de Matanzas, adelantando cuanto lo permitiera la ausencia de obstáculos en la nueva dirección a Occidente.

Así describe Loynaz del Castillo el nuevo objetivo de la columna invasora. Partiendo de Aguada de Pasajeros, las fuerzas cubanas marchan con máxima celeridad hasta las diez de la noche cuando acampan en el ingenio Domínguez, inmediato a la población de Calimete. Y continúa el autor de Memorias de la guerra.

Era Calimete un punto de etapa en los continuos movimientos realizados por las columnas españolas, y lo ocupaban de continuo tropas considerables. Las que teníamos ahora al frente iban a probar que eran las de más alto temple desplegadas frente a la Invasión.

Ocupaba esta plaza el batallón español de Navarra, fuerte de ochocientos cincuenta soldados y una guerrilla de caballería, al mando del teniente coronel Perera, que gozaba merecida fama de habilidad y valentía.

Antes de salir el sol las tropas cubanas están en sus puestos de combate. Como de costumbre, al centro el General en Jefe Máximo Gómez con su Estado Mayor y escolta; a continuación, la infantería al mando del coronel Vidal Ducasse, parapetada en el ingenio; a la derecha, el Lugarteniente General Antonio Maceo, su Estado Mayor y escolta, con fuerzas de caballería; y a la izquierda de Gómez, el mayor general Serafín Sánchez, con su Estado Mayor, escolta y la caballería de Las Villas.

Las tropas españolas presentan batalla en tres grandes cuadros, asentados en las guardarrayas de los cuadriláteros de cañas. Sobre ellos se lanzó a la carga toda la caballería cubana; a la derecha, los generales Gómez y Maceo; a la izquierda, el general Serafín Sánchez.

Al lado del gran villareño me tocó cargar porque había ido a llevarle la orden del general Maceo. A escape, los machetes en alto, llegamos al cuadro y abrióse a nuestro empuje la brecha ensangrentada. Cuando parecía todo él desmoronarse, en confuso remolino de bayonetas y machetes, cortó nuestra acometida la columna española del general García Navarro, que llegaba a la carrera. Los pocos jinetes que penetramos al cuadro al lado del general Sánchez pudimos con dificultad retroceder, abriéndonos paso hacia los nuestros, que no lograron entrar.

El general Sánchez alinea de nuevo su caballería, pronuncia una breve arenga y la lanza de nuevo a la carga. Esta vez los jinetes cubanos llegan a dos metros del muro de bayonetas pero se ven obligados a retirarse ante numerosas bajas causadas a hombres y caballos por la fusilería enemiga. Loynaz del Castillo relata lo sucedido a continuación de esta segunda carga.

Rojo de ira, el general Sánchez rehízo a gritos y planazos su maltrecha caballería y a su frente, espoleando el caballo ya herido, se lanzó, delantero en la línea, como a buscar la muerte. Esta vez no llegaron tan lejos sus jinetes, desparramados por la fusilería. A contenerlos, a desplegarlos otra vez contra el cuadro mortífero, corrió el general Sánchez, frenético, pero a su lado llegaba al galope el teniente coronel Mariano Sánchez Vaillant, ayudante de Maceo, con la orden de desistir del nuevo asalto. Llovían los proyectiles enemigos. El teniente coronel Sánchez recibió uno en el pecho. La caballería villareña, desplegada en orden abierto, recibía sin contestarlas las descargas españolas. En aquel instante llegó allí el general Máximo Gómez, junto al caudillo de Las Villas: “Deje eso, General, ya se ha hecho bastante.” El general Sánchez hizo replegar su fuerza a más abrigado sitio, y, pie a tierra, aguardó nuevas órdenes.

Loynaz regresa a la casa del ingenio, donde Maceo refuerza con sus jinetes desmontados la infantería de los hermanos Ducasse, atrincherándolos frente al asalto de la infantería española. La carga de caballería de Gómez y Maceo se había estrellado ante el valladar de bayonetas, al igual que la de Sánchez. Comprendiendo que era inminente ahora una fuerte ofensiva del enemigo sobre la casa de ingenio, allí acumulaba el general Maceo toda la fuerza de que podía echar mano.

Los cubanos rechazan el ataque español, tras lo cual se produce una tregua para que ambos bandos puedan recoger sus muertos y heridos. Los españoles regresan a sus posiciones originales a la orilla de Calimete. Maceo reorganiza sus tropas, vuelve a montar sus improvisados infantes, y la columna invasora emprende la marcha por el camino real, ahora desguarnecido. Atrás quedan más de veinte muertos y más de ochenta heridos, presurosamente atendidos y alejados del combate.

Esta larga y sangrienta jornada terminó al acampar a las ocho de la noche en la finca Coabilla, de cuyas abundantes cañas se aprovisionaron las tropas cubanas, de temple férreo para resistir las marchas más agotadoras…Tal fue la jornada de Calimete, la más dura y reñida de toda la campaña de la Invasión.

Tuesday, May 30, 2023

Cora Montgomery, la filibustera: entre el anexionismo cubano y el expansionismo estadounidense

Les presentamos a continuación esta video conferencia de la investigadora Daylet Domínguez sobre el fascinante personaje de Jane McManus Storm Cazneau, quien bajo el seudónimo de Cora Montgomery participó activamente en el movimiento anexionista de la década de 1850 cuya figura más visible fue Narciso López. Fue ella junto a figuras tales como Cirilo Villaverde y Miguel Teurbe Tolón la principal animadora de La Verdad, la publicación que sirvió de portavoz a este movimiento. La conferencia es presentada por la artista Tania Bruguera y la profesora Marial Iglesias Utset oficia como moderadora.



Sunday, May 28, 2023

De las armas y las letras: Un guerrero y sus memorias XXI

 Por Guillermo A. Belt 



En episodios anteriores del libro de Enrique Loynaz del Castillo, Memorias de la guerra, los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Serafín Sánchez dirigen varias cargas de caballería contra el ejército español. Lo hacen galopando a la cabeza de sus tropas y atacando al enemigo a golpes de machete. Todo ello muy digno de alabanzas, pero podríamos pensar que sólo eso sabían hacer: enardecer a los soldados con su ejemplo de valor personal, montar a caballo muy bien, y dar machetazos. Nada más lejos de la realidad; veamos.

Durante la noche del 23, [de diciembre de 1895] acampados en Sumidero, conferenciaron ampliamente los generales Gómez, Maceo y Serafín Sánchez, la trilogía milagrosa de la Invasión.

Las informaciones recibidas acusaban la acumulación de formidables obstáculos en el camino natural de la Invasión. Desde Matanzas hasta Unión de Reyes, aprovechada la estrechez de la Isla, habíanse acumulado las divisiones de los generales Suárez Valdés, Aldecoa, Prats, Luque y Molina. Complicaba la magnitud del obstáculo interpuesto a la Columna Invasora la numerosa impedimenta de los heridos de los últimos combates. Situarlos en una zona de seguridad fue apremiante objetivo. Evadir la combinación de columnas enemigas que oponían un muro infranqueable de bayonetas, haciéndolas quedar a retaguardia, fue el otro inmediato objetivo.





Los generales cubanos consultan el mapa de la región, escuchan a los prácticos que conocen el terreno y acuerdan un aparente retroceso que lograría ambos objetivos a la vez. Ordenan cambiar el rumbo y marchar al sur hacia la ciénaga de Zapata, en cuyas vastas soledades amparo encontrarían nuestros heridos contras las ferocidades del enemigo, y de allí se tomaría dirección al Este en aparente retroceso ante el valladar encontrado…

En la madrugada del 24 se emprende la marcha al sur, multiplicando incendios y revelando al enemigo el rumbo de las tropas invasoras, como se había hecho desde el comienzo. Al propio tiempo, los mambises destruyen las vías férreas en grandes tramos.

Como la eficacia de la nueva maniobra exigía velocidad extrema, se marchó durante catorce horas continuas, acampando casi a media noche en la finca Crimea cerca de Jaguey Grande y ya en la costanera de la ciénaga.

Los numerosos heridos al cuidado del doctor Manuel Alfonso fueron internados en la ciénaga, aunque todos deseaban continuar en las filas, antes que exponerse a la ferocidad de los guerrilleros, perseguidores despiadados de nuestros hospitales.

El 26 de diciembre la columna invasora llega al río Hanábana, limítrofe con Las Villas, y entra de nuevo en este territorio abandonando todos los progresos alcanzados en Matanzas. Reanuda la marcha el 27, siempre al este, pero ahora no tan larga y penosa como las jornadas anteriores. Las tropas obtienen nuevas provisiones y reponen fuerzas.

La maniobra de retroceso y falsa retirada a Las Villas – así se nombra esta sección del libro de Loynaz – fue completamente exitosa. Con los heridos a buen recaudo, el alto mando, acampado en las inmediaciones de Aguada de Pasajeros, decide el nuevo asalto a la provincia de Matanzas por la brecha abierta a través del valladar de Jovellanos que la maniobra de aparente retroceso eliminó.

En efecto, las columnas allí acumuladas – más de doce mil hombres – a las que otras numerosas se agregaron, adelantáronse en la dirección seguida por nuestro movimiento de retroceso. Lejos de detenerse para atacar las fuerzas cubanas en retirada quisieron adelantársele en Las Villas para coparlas. Allí esperaban dar el golpe de gracia a la Revolución. El general Martínez Campos llegó a cablegrafiar al Gobierno de Cánovas que antes de cuarentiocho horas habría infligido un golpe decisivo con el copo de las gruesas partidas insurrectas.

Martínez Campos manda traer de Matanzas al territorio de Cienfuegos a todas sus tropas disponibles a fin de interponerlas en el camino de lo que creía ser el objetivo de los cubanos: la seguridad de la cordillera de la Siguanea. Mientras tanto, el ejército cubano descansaba la tarde y la noche del 27 en confortable campamento cerca de Aguada de Pasajeros.

El día 28 de Diciembre (día de los Inocentes), a las tres de la madrugada, los toques de diana y formación pusieron en pie y a caballo las fuerzas cubanas. Tras breve desayuno se dio el toque de marcha: ¡otra vez a Occidente!

Una nueva ruta había sido trazada en reservada conferencia que en la casa de vivienda del ingenio celebraron los generales Gómez, Maceo y Sánchez. Se volvió a cruzar el Hanábana y se adelantó con celeridad y sin obstáculo a través de la provincia de Matanzas, ahora desguarnecida.

Sin obstáculo alguno estaba ya realizada la afortunada maniobra de retroceso y nuevo avance sorpresivo. Frente a la maestría de esta maniobra contrasta la falta de coordinación de las columnas enemigas, que inutilizó la enorme superioridad numérica, sus vacilaciones y el aturdimiento con que se intentó el copo ante la falsa retirada, sin abrumar la retaguardia cubana con algunas columnas que impidieran la doble conversión de su marcha y la embestida definitiva a las provincias occidentales.

¡La Academia arrollada por el Genio!


Nunca mejor dicho.

Friday, May 26, 2023

Crean Red de editoriales cubanas independientes*


Por Carlos Cabrera Pérez

La Red de editoriales cubanas independientes (REDECI) fue promovida por diez editores, informó a CiberCuba, el poeta y editor exiliado en España, Felipe Lázaro; uno de los promotores de la nueva entidad literaria.

Almenara Press, Betania, Bokeh, Casa Vacía, Deslinde, Hypermedia, Ilíada Ediciones, InCUBAdora, Rialta Ediciones y Verbum son las casas editoriales promotoras del empeño, que hará su presentación oficial durante el congreso de Latin American Studies Association (LASA), que se celebra hasta el 27 en Canadá.

“Con identidades editoriales distintas, que abarcan desde la práctica literaria más contemporánea hasta la recuperación crítica de archivos o la investigación académica, los sellos que confluyen en la Red de Editoriales Cubanas Independientes se ocupan del campo cultural cubano y lo hacen, todos, fuera de los cauces de legitimidad y circulación del Estado”, avisan sus promotores en la estrenada web.

Pensar Cuba desde la diversidad de perspectivas, posiciones intelectuales y registros estéticos, es otra seña de identidad de la REDECI, que contará con sendos stand, físico y virtual, en el congreso de LASA, inaugurado este miércoles, en Vancouver.

Felipe Lázaro fundó Editorial Betania, en 1987, en Madrid, y se exilió en 1960, viajando a Puerto Rico, donde vivió hasta 1967, cuando se trasladó a España.

*Texto tomado de Cibercuba

Thursday, May 25, 2023

Desde el referente Cuba, una propuesta para la interpretación de la historia (II) II- La cultura, cuerpo y razón del movimiento social

Por Vicente Morín Aguado.

Cultura es un concepto amplio, con diversas acepciones, cuyo valor histórico vamos a definir. Los arqueólogos adelantaron la esencia del término al catalogar sus descubrimientos, por ejemplo, Cultura taina, identifica a los indios arahuacos agroalfareros, existentes en las Antillas a la llegada de los europeos. Los Tainos habitaron el oriente cubano en su expansión de este a oeste desde la amazonia, se estima unos mil años antes del presente. Era la más avanzada de las culturas aborígenes del arco antillano.


La cultura caracteriza a los pueblos, de entre muchas anécdotas aleccionadoras, recuerdo la siguiente:

Orestes Ferrara Merino fue un joven italiano que, entusiasmado por las aventuras libertarias de Garibaldi, desembarcó en Cuba, cruzó la peligrosa trocha de Júcaro a Morón, barrera fortificada española que pretendía aislar la insurrección cubana en el oriente del país, incorporándose a las tropas de Máximo Gómez en Las Villas.

Proclamada la República en 1902, Ferrara llegaría a Presidente de la Cámara de Representantes, siendo Jefe de Estado su amigo personal y compañero de la manigua mambisa, el General José Miguel Gómez. (Presidente 1909 a 1913)

En uno de los debates parlamentarios, alguien desde su púlpito expresó con vehemencia: “Cuba puede llegar a ser la Suiza de América.” A seguidas llegó la respuesta tajante: “Si claro, pero deberíamos empezar a importar suizos.”

Los demagogos populistas deben sentirse heridos por frases de esta naturaleza, a sus seguidores ingenuos les digo, amigos, no se trata de que los suizos sean superiores a los cubanos, todos las personas somo iguales, merecemos iguales derechos, INALIENABLES, incluyen lo mismo al asesino convicto que al médico salvador de vidas. La diferencia es el asunto que hoy nos motiva, La Cultura y la historia.

A través de una milenaria evolución, los humanos fueron desarrollando, principalmente debido al trabajo, facultades que les permitieron adaptarse al medio, transformarlo en parte o en mucho, y a la vez estaban cambiándose a sí mismos. Se trata de un conjunto de conocimientos, habilidades, herramientas materiales, tradiciones, comportamientos, que conforman una particular relación humana con la naturaleza y entre las personas.

El término incluye desde cómo arar la tierra, el hábito de ahorrar dinero, cuidar las infraestructuras comunes, diseñar con belleza los artículos y herramientas, las llamadas bellas artes, hasta la actitud hacia los líderes comunitarios, llegando a la forma de gobierno generalmente aceptada.

Aunque el hombre es parte de la naturaleza, tal cual otro mamífero gregario, dada su capacidad de conocer el mundo, se presenta ante ella como algo diferente. Es una valiosa cualidad adquirida, a la vez, peligrosa, porque cuando asoma la arrogancia, suele hacerle olvidar su indudable pertenencia al medio natural del cual es parte.

Ese conjunto de cualidades humanas, que se expresan en lo individual y a la vez en colectivos, es LA CULTURA. Otra característica significativa de tan importante término es su constante evolución, dada la capacidad humana de proponerse nuevos retos, buscando apasionadamente mejorar el bienestar alcanzado, sinónimo de algún éxito en nuestra diaria y obligada relación con la naturaleza, y vale reiterarlo, la relación es también entre nosotros.

Por tanto, no existe una cultura dada de por siempre, veamos otro ejemplo de nuestra historia:

Hombre premonitor, característica de los líderes, José Martí, apóstol fundador de nuestra República, al escribir las Bases del Partido Revolucionario Cubano (Año 1892), advertía:

“El Partido Revolucionario Cubano no se propone perpetuar en la República Cubana, con formas nuevas o con alteraciones más aparentes que esenciales, el espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia, sino fundar en el ejercicio franco y cordial de las capacidades legitimas del hombre, un pueblo nuevo y de sincera democracia, capaz de vencer, por el orden del trabajo real y el equilibrio de las fuerzas sociales, los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.” (Artículo No. 4)

Hay dos alusiones directas a la cultura predominante en la Cuba de entonces:

1-    El espíritu autoritario y la composición burocrática de la colonia.

2-    Los peligros de la libertad repentina en una sociedad compuesta para la esclavitud.

La nueva república nacería tras cuatro siglo de administración colonial, a escasos años de haberse abolido legalmente la esclavitud. Era evidente que ambas formas de enfrentar la vida laboral, las actuaciones en sociedad, la actividad política, pesarían en la conducta de los cubanos. Martí advertía sobre rasgos culturales negativos, que deberíamos erradicar para crear una nueva cultura de libertad, capaz de garantizarnos un mayor bienestar y éxito como nación.

El más brillante de nuestros próceres cayó en combate tres años después de suscribir esta premonición. ¿Logramos erradicar las malas costumbres?

La respuesta es un Si y un No. La evolución social transcurre en medio de contradicciones. Las sucesivas constituciones de 1901 y 1940, establecieron con claridad, sobre todo la segunda, la prevalencia de la igualdad de todos los cubanos ante la ley, los derechos de las minorías, y la plena prevalencia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Otra cosa es la actuación de cada persona, de los diversos colectivos humanos, movidos por la voluntad de sus integrantes, en particular, bajo la influencia decisiva de los llamados líderes.

Por ejemplo, la campaña de saneamiento emprendida bajo la administración militar del general Wood, liderada por el sabio cubano Carlos Juan Finlay, además de erradicar la fiebre amarilla, dotó al país de una mejor red de caminos, mejoró la conducta de los ciudadanos en cuanto a la sanidad hogareña y en los espacios urbanos. El resultado: un cambio cultural beneficioso.

Sin embargo, todo movimiento social es en sí mismo contradictorio, las tradiciones, forma elemental de trasmisión de la cultura, suelen arraigarse y prevalecer mucho más tiempo del debido, cuando ya hay avances del conocimiento y experiencias válidas que indican la necesidad de ser cambiadas.

Hay una lucha incesante entre lo que está, es dado a una generación, y lo nuevo, lo que puja por nacer. No todas las tradiciones deben prevalecer, tampoco lo contrario. Este proceso mueve la sociedad más o menos rápidamente en un complicado cruce de direcciones, que tienden hacia un destino común, una flecha, diríamos un norte predominante, cuya ecuación final ha de ser el progreso.

Sin embargo, suelen existir equivocaciones colectivas, a partir de líderes carismáticos, que pueden llevarnos al borde de una catástrofe. Casos evidentes sobran, menciono la Alemania Hitleriana, el Japón de igual tiempo y, ya ustedes saben lo que ocurre ahora en nuestra patria, la querida Cuba.

De lo anterior se deduce otra conclusión, si bien la cultura es cambiante, a la vez está dada de por sí para una generación, en tiempo y espacio. La sociedad recibe esa herencia, que le es propia, y con ella actúa, creyendo que es la mejor forma de enfrentar los retos.

Volviendo a los suizos y los cubanos, es importante acotar otra particularidad de la historia, el desarrollo desigual. Suiza tiene una larga historia republicana que se remonta a la Edad Media, cuando aún Colón no había nacido. En Cuba diríamos de broma, cuando El Castillo del Morro era de yaguas. (La Yagua es una frágil hoja, desprendida de la porción alta del tronco de la Palma Real, árbol nacional cubano)

Mientras la esclavitud y el despotismo colonial corroían la sociedad nuestra, los suizos ejercitaban sus derechos en una república excepcional, enclavada entre los imperios europeos. Evidentemente, al hablar de cubanos y suizos, se trata de dos culturas distintas, con desiguales niveles de progreso social, y por tanto, este factor influye poderosamente en los resultados al enfrentar el medio que nos rodea.

Recordando a Cristoforo Colombo, el Gran Almirante de la Mar Océana, para muchos el marino mayor de todos los tiempos, al ejecutar su atrevida empresa marítima, sin preverlo, promovió con su voluntad y liderazgo, al mando de un puñado de hombres, la más grande revolución de la era moderna, redondeando definitivamente nuestro planeta a los ojos de sus habitantes, en especial, los gobernantes de las naciones existentes a finales del siglo XV.

Es triste apreciar el derribo populista de sus estatuas, culpando al excelso marino de la dominación colonial, incluyendo el genocidio sobre la población autóctona del Nuevo Mundo, sumada la esclavitud de los africanos al establecerse las plantaciones de cultivos de exportación en diversos parajes del inmenso territorio cuyo velo histórico descorrió el atrevido genovés.

Esclavitud, crueldad, guerras de conquista, genocidios, eran cosa común de la cultura euroasiática y africana desde mucho antes que Susana Fontanarrosa pariera a su hijo ilustre junto al mar de Liguria. Evidentemente Colón no estaba en la capacidad, tampoco formada parte de la cultura heredada de su tiempo, de irle a la contra al sistema de dominación imperante a finales del siglo XV.

Celebro que al menos los marxistas ortodoxos cubanos no han decretado todavía el derribo de sus efigies, aunque lamentablemente echaron abajo otras igual de importantes para contar con objetividad la historia nacional, de entre varias, la de Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República.

Al lado de los innegables méritos que avalan al Almirante genovés, deberían competir en ventaja, sin derribarle, esculturas de quiénes retaron con valor e inteligencia a la cultura dominante, contribuyendo a que la historia diera un paso más hacia la civilización.

Una contrapartida notable fue Bartolomé de Las Casas, compañero de viaje de Colón en su segunda incursión americana. El obispo de Chiapas se adelantó a su tiempo, demostrando la otra cara de la cultura, cuya expresión es la constante voluntad humana por cambiar para mejor la sociedad.

La honestidad política e intelectual de este hombre extraordinario se revela en dos vertientes: de un lado, respetó y admiró la obra del marino, hasta el punto de copiar para la inmortalidad su Diario de Navegación del primer viaje, salvando el único testimonio escrito de la hazaña. A la vez, comprendió la incongruencia entre el descubrimiento europeo y el genocidio de la población nativa, dedicando su vida a la redención de los llamados indios.

Ha de notarse que inicialmente propuso liberar a los indios sustituyéndolos por esclavos africanos, que según teorías erróneas, dados los limitados conocimientos biológicos, eran considerados físicamente más resistentes a la rudeza del trabajo. Nada para reprocharle, hombre de su tiempo, actuaba en pleno siglo XVI, no en la época en que Google, con su rápido motor de búsqueda, me ha permitido confirmar en un segundo, la pertenencia del valiente Fraile a la orden de los Dominicos.

Seguiremos escribiendo, la próxima vez abordaremos el desarrollo desigual de los pueblos.

 

 

 

Wednesday, May 24, 2023

Desde el referente Cuba, una propuesta de interpretación de la historia. (I) (I) Evolución, progreso, tiempo y espacio.

Por Vicente Morín Aguado.


La historia significa el pasado, es reconocer la existencia de un tiempo anterior al nuestro, diferente del presente. Suponer no es buena práctica cuando se trata del conocimiento, sin embargo, existe consenso en cuanto a que la evolución histórica representa una línea ascendente de progreso, de bienestar en general para la humanidad.

Igualmente hay acuerdo de que los beneficios alcanzados son desiguales, tanto en lo individual como al valorar las diversas agrupaciones humanas en espacio y tiempo. La determinación del progreso implica establecer parámetros porque obliga, de hecho, a comparar. A su vez, una comparación necesita precisar tiempos, espacios, es decir, delimitar un área definida, digamos, un contexto común denominador.

Veamos un caso cubano:
Al referirnos a la dominación española, la sociedad colonial es apreciada generalmente  como esclavista, sin embargo, aunque hubo esclavos africanos ya desde mediados del siglo XVI, no es hasta dos siglos después que empieza a conformarse un sistema de plantaciones, la caña de azúcar en primer lugar, que trajo consigo la importación masiva de esclavos africanos, convertidos en fuerza de trabajo decisiva para la economía.

Tal sistema entró en crisis durante la Guerra de los 10 Años, desapareciendo legalmente en 1886. Por tanto, el diagnóstico de un historiador sería que Cuba fue un país esclavista durante un siglo, mientras fue colonia española durante 4 siglos.

La conclusión anterior expresa la importancia de ubicar los acontecimientos, los conceptos, en tiempo y espacio. De esta máxima se deriva poder evaluar el progreso histórico.

Volvemos a nuestra patria:

Cuba en las décadas primera y sexta del siglo XX. El período inicial se precisa entre 1901 y 1910. El año 1901 está determinado por un suceso trascendental, la proclamación de nuestra constitución, que implicaba elecciones presidenciales, estableciendo la República, proclamada el 20 de mayo del siguiente año.

Sin embargo, al fechar el segundo período propuesto, hemos de invertir los términos, será desde 1950 hasta 1959. Sin ser especialista, un lector enterado coincidirá en que esta vez es imposible pasar más allá de 1959 porque, sencillamente, el cambio histórico fue tan brusco, relevante, que se impone establecer un antes y un después.

La conclusión es que, al estudiar el pasado, la medida del tiempo no es exactamente igual al simple conteo físico-matemático del mismo.

Apelando a un criterio más abarcador, agregamos que, entre 1901 y 1959, tenemos un gran período histórico, cuyas generalidades pueden concentrarse en La República, con dos constituciones (1901 y 1940). Según la tradición francesa serían la 1ra y la 2da repúblicas cubanas. Ambas tuvieron cartas magnas con notables diferencias, pero al igual con denominadores comunes, capaces de permitirnos englobar todo el período: pluripartidismo, elecciones directas presidenciales y de diputados, derechos humanos universales establecidos y entre ellos garantía al derecho de la propiedad privada junto a una economía de mercado.

El contexto internacional está signado por un lazo de dependencia directa, múltiple, con los Estados Unidos de América.

La revolución de Fidel Castro proclamó dos nuevas constituciones de carácter socialista, opuestas a los derechos y normas jurídicas propias de la democracia occidental, integradas en el concepto de República.  De igual forma continuó la dependencia a una superpotencia, la desaparecida Unión Soviética, con la notable diferencia de estar atado el país a un sistema totalitario comunista.

Establecidas las bases para una comparación, acudimos a varias enciclopedias, donde seleccionamos algunos indicadores básicos del bienestar:

Esperanza de vida al nacer, ingresos per cápita ajustados al costo de la vida, mortalidad infantil, escolaridad promedio de la población, desempleo promedio de la población laboralmente activa, criminalidad y población carcelaria, urbanización, derechos humanos reconocidos, igualdad étnica, leyes y regulaciones discriminatorias y, acepto en la mente del lector otros elementos de similar valor social.

Hemos de saltarnos las cifras con la certeza de que son innecesarias para asegurar, sin lugar a dudas, que al paso de medio siglo, la sociedad cubana experimentó un notable avance en términos de bienestar individual y colectivo, aún en medio de notorias desigualdades e injusticias.

La paradoja, esencial a la naturaleza humana, es que ningún progreso anterior paraliza las ansias de seguir avanzando. No porque en 1927 Charles Lindbergh voló sin escalas 6000 km entre Nueva York y París, perdimos el interés por alcanzar la Luna a 400 mil kilómetros en 1969, y ahora la meta está en los más de 60 millones de Km que nos separan de Marte.

Sin embargo, el llamado progreso social no es lineal, tampoco felicidad absoluta, se muestra en medio de notables contradicciones. Mientras la humanidad, a través del programa Apolo impulsado por los Estados Unidos, ponía un pie en otro cuerpo celeste, soldados de ese mismo país masacraban cientos de civiles en la aldea My Lai, Vietnam, en tanto era asesinado en Memphis el líder antirracista, Reverendo Martin Luther King Jr.


En Cuba felizmente el racismo legal estaba prescrito en todas las constituciones mucho antes que en países de notable éxito económico, político y social, como nuestro inspirador vecino mayor norteño, no obstante, el racismo persiste en la actuación de muchas personas de las más diversas maneras, cuya desaparición será tanto o más gloriosa que aterrizar en el planeta rojo.

Entra en juego la actitud del historiador, que es un profesional, cual médico, abogado o periodista, cuyo objetivo es la verdad, más allá de ideologías doctrinarias, religiones, partidos políticos o intereses personales.

Carlos Marx “anduvo de prisa y como en la sombra”, sentenció el apóstol de nuestras libertades, José Martí, al relatar desde Nueva York la noticia de su muerte. El alemán pretendió igualarse a Darwin, de quien el propio cubano había dicho que su frente era “como una montaña”.

El aludido aparece porque Marx aseguró haber descubierto las bases para una interpretación científica de la historia, capaces de prever resultados inexorables, equiparables a los corolarios de la física, la química y la biología.

Incontrastables evidencias han demostrado que su cientificismo terminó en doctrina, cual religión apologética.

De prisa, en la sombra, obsesionado por la grandeza de su contemporáneo Darwin, este barbudo se había refugiado en los derechos establecidos por el liberalismo inglés, contagiado de determinismo científico, reforzado por los éxitos del imperio británico en tiempos de la Reina Victoria.

Circulaban los textos de Newton, Darwin y Smith, entre muchos aportes al conocimiento universal, obra de auténticos gigantes del pensamiento. Con el patrocinio de poderosas instituciones estatales bajo el manto de la monarquía británica, florecían los proyectos de investigación, abriéndose al público centros culturales abarcadores del saber, como la biblioteca y el museo británicos, donde Marx apolilló miles de pliegos de documentos, sintetizados en algunas páginas brillantes de su prolífera pluma, recuerdo el capítulo XXIV del tomo I de Das Kapital.

El determinismo de este pretendido Prometeo fue su mayor error, el movimiento social contiene tantas variantes que es imposible predeterminarlo. Las ciencias van degradándose en su precisión desde las matemáticas, la mayor abstracción y exactitud, hacia la física, la química, la biología, la geografía, y así hasta la historia y las artes.

La física debió aceptar el principio de la indeterminación que le valió un Nobel al ilustre Heisenberg. En términos químicos aparecen variantes, sin poder medir exactamente el alcance de algunas reacciones. La biología muestra un grado aún mayor de inexactitud, por solo sitar un caso, la predicción o desarrollo del cáncer. Ya en geografía, huracanes, terremotos y el tan polémico cambio climático, escapan con mucho a la predicción mínima que desearíamos.

Qué decir de la Historia, sencillamente es en esencia imprevisible. La teoría del dominó no funcionó con la ficha Cuba. La ficha Vietnam, después de una larga y sangrienta guerra con los Estados Unidos, ofrece hoy un rostro impensable si tratamos de explicar el resultado utilizando las ideas marxistas.

El llamado socialismo científico terminó siendo reversible a pesar de repetirse hasta la saciedad lo contrario; por su parte, países como El Japón y la Alemania capitalistas, exhiben índices de desarrollo humano, no digo yo de desarrollo material, impensables para Lenin cuando en 1916 escribió un opúsculo de amplia difusión titulado El Imperialismo, fase superior del capitalismo, pronosticando su crisis general, cuya consecuencia sería transitar hacia el socialismo.

La explicación de tan caprichosa realidad está en el factor Voluntad Humana, cuya expresión primaria son los líderes. Los humanos, mamíferos dotados por un largo proceso evolutivo, de la capacidad para conocer y transformar, mediante el trabajo, el mundo del cual somos parte, nos caracterizamos por ser gregarios. Vivimos en colectivos, nos agrupamos por naturaleza y necesidad. Los colectivos, de cualquier clase, exigen líderes y crean naturalmente personas que mueven con su propia voluntad a los demás agrupados.

La escala de los colectivos, de los grupos, es diversa en todos los sentidos: localización geográfica, actividades, necesidades, anhelos, creencias, prejuicios, etc.; y esta compleja combinación de voluntades conforma el organismo social, que inevitablemente está siempre en movimiento. Ojo, moverse no significa obligatoriamente progreso, no olvidar que hay parámetros según épocas, sujetos al desarrollo científico técnico y la acumulación de experiencias.

Los cubanos de 1900 no tenían los mismos conceptos a la hora de valorar qué estaba bien o mal a su alrededor, si los comparamos con sus descendientes de 1959. El héroe de nuestra independencia, Máximo Gómez, falleció en 1905 debido a una infección generalizada, cuya erradicación era un procedimiento de rutina en cualquiera de los muchos hospitales del país medio siglo después.

Deducimos dos principios:

1ro. – El progreso histórico es medible, determinado por parámetros, cuya selección obedece al nivel de los conocimientos en un momento histórico determinado.

2do. – Los conceptos, el juicio histórico, se ajusta en tiempo y espacio, conformando un contexto. Fuera de tal contexto, carece de sentido interpretar los acontecimientos.

Estamos en camino de adentrarnos en el siguiente tema, dedicado a explicar cómo los humanos hacemos historia, es decir, el proceso mismo del movimiento social, cuya expresión es LA CULTURA.

(Este breve ensayo, con el referente Cuba, continuará.)