Sunday, July 25, 2021

DECLARACIÓN DE LA ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO ANTE LA FALTA DE ESCRÚPULOS Y ÉTICA DE OTRAS INSTITUCIONES ACADÉMICAS.


La Academia de Historia de Cuba en el Exilio ha observado con sorpresa y disgusto cómo en las últimas semanas instituciones de estudios latinoamericanos han puesto a un lado cualquier escrúpulo académico o ético para salir en defensa del gobierno castrista en momentos en que este reprime brutalmente el anhelo de justicia y libertad del pueblo cubano. El pasado 29 de mayo la Latin American Studies Association (LASA) emitió el comunicado “Statement on the protection of human rights in Cuba” que, de hecho, apuntaba menos al objetivo que enunciaba en el título de su declaración que a convertir en víctima del embargo norteamericano al régimen que estaba violando los derechos que la declaración decía defender en su título. El 12 de julio, al día siguiente de que se iniciaran protestas masivas en toda Cuba contra el régimen totalitario, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) se apresuró a emitir un “Pronunciamiento frente a la campaña de manipulación contra Cuba” que convertía tales protestas en “actos vandálicos y terroristas” alentados por los Estados Unidos, mientras insistía en llamarle “Revolución Cubana” a la dictadura más longeva del continente.

Aunque no es norma de nuestra Academia emitir declaraciones políticas, creemos pertinente hacer constar nuestro rechazo a que organizaciones académicas sean utilizadas como plataformas de propaganda y apoyo a regímenes represivos, cualquiera que sea la ideología que estos digan profesar. No nos parece superfluo recordarle a las instituciones mencionadas que falsear la realidad de tal manera que conviertan a los victimarios en víctimas y a las víctimas en agentes de supuestos victimarios va en contra del principio fundamental de cualquier organismo académico que es la búsqueda de la verdad. O recordar que, en el caso específico de CLACSO, con su penosa declaración atenta contra el “fortalecimiento de los derechos humanos y la participación democrática” en el continente, objetivo expreso de dicha institución. La visión elemental y maniquea que proyectan las declaraciones de ambas organizaciones parecen dictadas menos por un estudio profundo de la realidad cubana que por agendas ideológicas que buscan más amoldar la realidad a sus intereses que comprenderla a cabalidad.

Promulgada en Union City (NJ) el 24 de julio de 2021.

JUNTA DIRECTIVA

ACADEMIA DE LA HISTORIA DE CUBA EN EL EXILIO, CORP.


NOTA:

La AHCE es una corporación no gubernamental y sin fines de lucro fundada en el noreste del país en el año 2014 y oficialmente registrada como tal en el Estado de New Jersey y luego a nivel federal. Entre sus objetivos fundamentales tiene los de conjurar académicamente la falsificación de la Historia de Cuba por parte de la historiografía del Gobierno totalitario de Cuba y registrar los avatares del Exilio por este provocado. Para dar a conocer sus labores y las obras de sus asociados, la AHCE cuenta con un blog (disponible gratis en https://blogacademiaahce.blogspot.com/), publica una revista impresa (Anuario Histórico Cubanoamericano), ofrece los servicios de una editorial, y organiza actos, conferencias, congresos, etc. Tiene su sede central en New York-New Jersey y cuenta con capítulos en los estados de Florida y California, y miembros correspondientes en diversos países de Latinoamérica y Europa.



Saturday, July 24, 2021

CARTA DE RENUNCIA DE ROGERIO ZAYAS-BAZÁN A LA SECRETARÍA DE GOBERNACIÓN DURANTE LA PRESIDENCIA DE GERARDO MACHADO

Introducción de Eduardo Zayas-Bazán. 

El Comandante Rogerio Zayas-Bazán y Ramírez (1876-1931) nació en la República Dominicana a fines de la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y fue inscrito en la ciudad de Nuevitas, provincia de Camagüey, al final del conflicto con fecha de nacimiento de 4 de noviembre de 1876. Era hijo de Manuel Ramón de Zayas-Bazán y Duque de Estrada y de Isabel Tomasa Ramírez y Goyri.

            Perteneció al Ejército Libertador de Cuba y el 17 de junio de 1895 fue herido en la cadera derecha en el combate de Ceja de la Larga. Fue Ayudante de Campo del General Lópe Recio, tío de Isabel Recio Heymann, que más tarde fue su esposa, llegando a ostentar el grado de Comandante.

            Después de establecerse la República de Cuba en 1902, Zayas-Bazán fue oficial de la Guardia Rural. Estando destacado en la Provincia de Las Villas, hizo amistad con el General Gerardo Machado, que también era oficial de la Guardia Rural. Ambos habían apoyado al General Bartolomé Masó, expresidente de la República de Cuba en Armas, y líder del Partido Liberal en las elecciones de 1902.

            En 1917, al estallar la revolución contra el gobierno del Presidente Menocal, se alzó por la restauración de las libertades en su país. Descendiente de una de las familias más antiguas de Cuba, fue líder el Partido Liberal y salió electo Gobernador de la Provincia de Camagüey en 1922. En 1924, al ganar la presidencia el General Gerardo Machado con la ayuda de Zayas-Bazán, lo nombró Secretario de Gobernación. Su proyecto más importante fue la construcción del Presidio Modelo de Isla de Pinos, llamado así porque incorporaba lo último en reforma penitenciaria. Ocupó la Secretaría de Gobernación hasta 1928, año en que renunció a su cargo por no estar de acuerdo con la reelección del General Machado. En esta carta renuncia, Zayas-Bazán predice lo que le ocurriría a Machado por no escuchar sus consejos. Fue una lástima, porque de haberlo hecho Machado, la historia de Cuba sería diferente.

En 1930 salió electo Senador por la Provincia de Camagüey y despuntaba como uno de los candidatos a la presidencia. Su vida política quedó truncada cuando en un duelo irregular el 14 de julio de 1931 fue asesinado por un enemigo político cuando se bajaba de su automóvil para acudir a la cita de honor.

Zayas-Bazán fue uno de los caudillos más importantes que tuvo Cuba en su época. De los pocos políticos honrados que ha dado Cuba, siendo Secretario de Gobernación trató de erradicar el juego y la prostitución en una campaña en la que se les raspaba el pelo a los proxenetas y en la que se expulsaron de Cuba a cientos de prostitutas francesas que habían llegado a La Habana a través de la ciudad de Nueva Orleans.

Cuando era Gobernador, fundó en la ciudad de Camagüey un asilo para niños pobres. Hoy en día el asilo lleva su nombre y su memoria se honra con su busto.

El Comandante Rogerio Zayas-Bazán llegó a ser muy popular con el pueblo porque se le percibía como un líder valiente dispuesto a acabar con la corrupción rampante en esa época republicana. La canción a continuación, «Candela Zayas-Bazán», atestigua la aprobación de las masas por esa campaña moralizante que le daría dignidad al pueblo.

 

CANDELA ZAYAS-BAZÁN
Compositor: Felipe Valdés

Candela, Zayas-Bazán, candela al bataclán
Candela, Zayas-Bazán, candela al bataclán
Que las mujeres por aquí, ya no quieren trabajar
Que las mujeres por aquí, sólo quieren cumbanchear.
A nadie le importa que Coralia se muera, échale candela
A nadie le importa que Coralia se muera, échale candela
Mamita, échale carbón al anafe, échale candela
Mira, que se apaga el anafe, échale candela
Mamita, que se apaga el anafe, échale candela
Mamita, que se apaga el anafe, échale candela.

 

(Grabado por elSexteto Occidente de María Teresa Vera en Nueva York en noviembre de 1926 porel sello disquero Columbia)

 

El General Machado poseía un ego descomunal y se había rodeado de aduladores que le hicieron creer que él era imprescindible para el futuro de Cuba y, por lo tanto, debía ir a la reelección. Mi abuelo, el Comandante Rogerio Zayas-Bazán, que había sido uno de sus más fieles amigos, le había aconsejado que esto sería un funesto error para él y para Cuba. Machado no le hizo caso, y mi abuelo, frustrado, decidió renunciar a la Secretaría de Gobernación escribiéndole al General Machado la carta que sigue, la cual había permanecido inédita hasta ahora: 

 

 

REPÚBLICA DE CUBA

SECRETARIO DE GOBERNACIÓN

PARTICULAR

 

Habana, abril 18 de 1928.

 

 

General Gerardo Machado y Morales.

Presidente de la República.

Palacio Presidencial.

Ciudad.

 

Distinguido amigo y Presidente:

 

            A pesar de que un gran número de amigos, que creo que me quieren, me han aconsejado que personalmente le entregue a Usted mi renuncia del cargo de Secretario de Gobernación, con que Usted me honrara en 20 de mayo de 1925, y que pusiera como pretexto a esta renuncia el quebranto de mis intereses particulares, con el fin de que Usted no fuera a molestarse y que nuestra amistad de tantos años pudiera quebrantarse, yo he determinado escribirle esta carta, pues me parecía indigno de mí tratar de engañarlo a Usted, escribiéndole con todo el respeto que me inspira nuestra vieja amistad y con todo respeto que merece el alto cargo que Usted ocupa, pero al hacerlo quiero que Ud. tenga la plena seguridad de que nunca en mi vida pública me he sentido más tranquilo, así que no siento en mi alma sentimientos de violencia ni de odios.

            El motivo de mi renuncia es el siguiente:

            Es que estoy viendo que aquel Gobierno democrático q. yo soñara, con respeto para todas las opiniones y principalmente para el sufragio, está en peligro y no me siento con valor para hacerme solidario de su obra de Gobierno.

            Usted sabe muy bien que siempre me he mostrado contrario a que se realicen actos que lo alejen a Usted del corazón del pueblo, porque entiendo que, Usted puede hacer un Gobierno absolutamente honrado, pero también un Gobierno democrático, a fin de que el pueblo lo mirara a Usted como el continuador de la obra de Martí, y de todos aquellos que lucharon por la libertad de Cuba.

            Usted ha creído que destruyendo a la oposición, comprando a sus Directores, Usted puede gobernar al país más fácilmente y no se ha querido dar cuenta que Usted ha conquistado a esos Directores, pero no ha conquistado al pueblo.

            Usted, en realidad, no ha podido conquistar al partido adversario y ha hecho que sus amigos y correligionarios, aunque vayan a Palacio a sometérsele, como se han sometido a todos los tiranos, pierdan la fe en Usted y prueba de ello es el fraude electoral realizado en las pasadas elecciones, que solo puede ser comparada con aquel fraude electoral realizado en época de Don Tomás.

            Yo he sentido por el General Menocal, una profunda antipatía porque violó los derechos del pueblo. Jamás he recibido un solo daño de él, pero como antes le digo, he sentido esa antipatía, por haber violado esos derechos, pues para mí valen más las Leyes y el respeto a la voluntad popular que todos los bienes materiales, que en beneficio de un país puede realizar un Gobernante.

            Yo pensé, y por eso fue que yo no fui partidario del Coronel Mendieta, que usted sería el Gobernante recto, el Gobernante honrado, pero al mismo tiempo el Gobernante de guante blanco, que jamás pudiera dar motivo para un solo odio. Yo soñaba con que Usted sería idolatrado por el pueblo y admirado y querido por todos, pues aunque muchos crean lo contrario yo no sé odiar y creo que con el odio y la represalia no se consolidan las nacionalidades; pero de esto a oír al adversario y no permitir que los amigos y correligionarios tengan opinión, hay un abismo.

            Usted ha creído que suprimiendo la libertad de la prensa, no permitiendo que fiscalicen sus actos, podía gobernar más fácilmente, y eso ha sido el error más grande de los Gobernantes que la Historia nos señala como más funestos para su patria.

            No importa que Usted realice una obra constructiva, ni que Usted atienda a la Agricultura, ni que fomente la riqueza pública y ni que Usted llene de prestigios temporalmente a la Patria en el extranjero, si Usted a cambio de todo eso mata la libertad, porque los bienes materiales desaparecen en los pueblos y luego cuando Usted deje de existir (y ojalá dure muchos años) quedará siempre el recuerdo de que Usted fue un enemigo de la libertad, que Usted fue un tirano, y yo que lo he querido a Usted tanto, que no sé si tanto como a mi padre, me siento entristecido, pensando que la Historia llegue a juzgarlo como tirano.

            Fui contrario a la prórroga porque ella establecía un fatal precedente. Creí en aquella época, que su relección el país la recibía con gusto y el Partido Liberal se prestaba a ella con entusiasmo. No me quiso Usted entonces oír, y para demostrarle mi cariño entrañable defendí la reforma constitucional, y por consiguiente la prórroga, y como argumento empleé que Usted que era un hombre de honor no podía quebrantar sus juramentos hecho(s) ante los Centros de Veteranos, Logias Masónicas, y ante casi el cadáver de su padre. ¿Qué pod(r)ía decirle yo ahora al pueblo cuando ya se habla hasta de nuevas reformas a la Constitución cuando Usted cumpla su [nuevo] período?

            Usted siempre admiró en mí, y se encargó de propalarlo por toda la República, mi pureza de principios, mi sinceridad y mi honradez, (¿) y cree Usted que sería yo un hombre honrado y al diri(g)irme al pueblo a sabiendas lo engañara con tal que Usted no nos llevara a una situación (añadidura a mano ilegible) de fuerza y violencia(?), y digo esto, porque he sabido que Sargentos del Ejército espían mis pasos y los de mis amigos. Si Usted le jura al país que Rogerio Zayas Bazán, conspira contra Usted, nadie lo creería, pues en todos los momentos no he hecho más que ensalzarlo y me moriría antes de confesar mi equivocación.

            Con fe ciega defendí su [ilegible] cuando eran pocos, muy pocos los que creían viable su candidatura. Yo todo lo di por Usted y todo lo expuse por Usted y mi más grande satisfacción hubiera sido que Usted fuera el Presidente demócrata y querido de todos, como yo soñaba.

            Muchas veces yo le he aconsejado que consulte libremente a sus verdaderos amigos, que no se deje guiar por los que le adulan y q. mañana cuando Usted abandone el cargo serán los primeros en negarle su concurso, y entonces yo le demostraré a Usted que lo he querido, que lo sigo queriendo y que solamente lo he aconsejado porque he recogido los latidos del pueblo, para transmitírselos a Usted, para que ellos sean los que inspiren todos sus actos.

            Ojalá yo esté equivocado, ojalá no tenga que lamentarse algún día de no haber oído mis consejos, pues yo sinceramente prefiero equivocarme a que Cuba sufra las consecuencias que trae todo gobierno tirano.

            Quiero terminar esta carta haciéndole presente que es mi propósito retirarme a reconstruir mi hacienda, al llevar la tranquilidad a mi espíritu y hacer votos porque el Ser Supremo lo ilumine a Ud. y no llegue a ser su Gobierno, Gobierno de luto y dolor.

            De usted con toda consideración y afecto,

 

Rogerio Zayas Bazán.

 

 

 

Publicado originalmente en Anuario Histórico Cubanoamericano #1 (2017), págs. 175-178.

Tuesday, July 13, 2021

Maleconazo*



Por Enrique Del Risco

Si el hundimiento del remolcador Trece de Marzo pretendía disuadir a los cubanos de robarse lanchas para fugarse de la isla además de crimen contra la humanidad puede considerarse un absoluto fracaso comunicativo. Apenas trece días después de la masacre un grupo de gente desvió la famosa lanchita de Regla hacia los Estados Unidos. El medio de transporte principal entre La Habana y el pueblo situado al otro lado de la bahía y la forma más elemental y barata de turismo al alcance de los habaneros: atravesar aquellas aguas negras, gelatinosas, dar una vuelta por un pueblo polvoriento, desvencijado y luego volver a cruzar la bahía sulfurosa. Si estabas enamorado podía parecer hasta romántico.

No debió ser tarea fácil robársela. A la lancha la vigilaban y a los pasajeros los revisaban escrupulosamente antes de entrar. Además, el combustible se le abastecía de a poquitos, previendo que si la vigilancia fallaba no pudiera alejarse demasiado. Se decía que los secuestradores encubrieron su plan con los preparativos de una boda. En el pastel escondieron las armas y en botellas de cerveza, el combustible extra. No sé si se prepararían con mucha antelación o si decidieron aprovechar el escándalo que provocó el hundimiento del remolcador para escapar ilesos. Tuvieron suerte. A treinta y seis millas de La Habana los recogió un guardacostas norteamericano.

Esa noche Quientusabes no pronunció su habitual discurso con el que conmemoraba su irrupción en la Historia Nacional asaltando un cuartel del ejército. No creo que fuera coincidencia. Con Quientusabes nada lo era.

El éxito de la fuga fue asumido por la gente como señal de que, de momento, el gobierno se abstendría de matar a quien tratara de escaparse. El 4 de agosto volvieron a secuestrar la lanchita de Regla. Esta vez hubo un muerto, un oficial de la policía que intentó impedir el secuestro. La embarcación estaría a la deriva por casi dos días frente a las costas hasta que finalmente se rindieron a los guardafronteras cubanos.

El 5 de agosto cientos de personas empezaron a reunirse en el paseo que se encuentra a la salida de la bahía. Con mochilas, comida, agua. Esperando que volvieran a secuestrar algún barco y, mágicamente, conseguir montarse en él. A la espera de que un milagro les cambiara la vida. El milagro apareció en la forma del Contingente Blas Roca. En la forma, no en el contenido. Se suponía que eran constructores destinados a proyectos estratégicos del gobierno. Los noticieros no hablaban de otra cosa. Pero entre los que desplegaron para rodear a la gente reunida en la Avenida del Puerto y el malecón había de todo: agentes del Ministerio de Interior, miembros de la selección nacional de karate y tae kwan do. Les habían repartido camisetas del contingente Blas Roca para que se viera cómo la clase obrera en persona se encargaba de la situación.

No estuve ahí pero varios amigos me contaron cómo los tipos de camisetas del contingente empezaron a repartir golpes donde el Paseo del Prado se encuentra con la Avenida del Puerto. Les creo. La gente estaba demasiado enfocada en escapar como para buscar pendencia con el primero que se apareciera. Lo increíble fue lo que ocurrió a partir de entonces. Los que esperaban por el primer objeto flotante que los sacara de aquella isla se volvieron contra los policías y karatecas disfrazados de obreros de la construcción y los desbordaron. De repente descubrieron que la ciudad, o al menos la porción que tenían ante sí, estaba a su merced. Unos se entregaron al saqueo de las tiendas en dólares, pero los más, como no había tiendas suficientes que saquear, simplemente se dedicaron a recorrer las calles como si fueran suyas, gritando las dos frases que más miedo les había dado articular durante toda la vida: “¡Abajo Fidel!”, “¡Libertad!”.

De momento debió bastarles. En las imágenes que se recogieron de ese día se ve gente famélica, inundando las calles. En su mayoría hombres sin camisa, empujando sus bicicletas, indignados con la represión y asombrados con el mínimo poder que acababan de adquirir. Dando órdenes a los pocos periodistas que había por los alrededores. “¡Filma ahí cojones!”. Pasando de la rabia y el estupor a la alegría y la euforia. No como si creyeran vivir un momento único en la Historia de la Nación pero sí con la comprensión instantánea de que lo que sentían en ese momento no lo habían sentido nunca antes.

Ya fuera porque el ataque de los supuestos constructores se concibió como una provocación para aplastarlos o porque se trataba de un plan de contingencia diseñado de antemano pronto columnas de camiones y jeeps militares marcharon hacia el centro de la ciudad. Los objetivos más obvios eran dos: rodear a los manifestantes y evitar que el resto de la capital se contagiara con aquel estallido de rebeldía. Una vez creado un bolsón de seguridad desembarcó ahí Quientusabes en su sempiterno uniforme de campaña rodeado por decenas de guardaespaldas que lo vitoreaban como si su aparición bastara para resolverlo todo mágicamente. Algo de eso hubo. Muchos de los que minutos atrás andaban entonando cánticos en su contra al verse rodeados por las hordas de constructores-karatecas-policías pasaron del “¡Abajo Fidel!” al “¡Fidel, Fidel, Fidel!” sin otro trámite que obviar el “abajo”.

Eso fue lo único que vio el resto del país al asomarse a la televisión: el Comandante de barba, gorra y uniforme avanzando por un mar de pueblo uniformado y de acólitos disfrazados de pueblo. Eso fue lo que vi en televisión desde otra esquina de la ciudad, en mi primer día de vacaciones, un día distendido que dediqué a bañarme en la playa, jugar fútbol y asistir a un concierto. Al pasar por la sala de mi casa camino del concierto vi Su guerrera verde flotando en el mar de secuaces y pensé que cualquier rebeldía que hubiera estallado en Centro Habana había llegado a su fin. De otra manera no se atrevería a caminar por aquellas calles. Eso debió pensar el resto de los cubanos de la isla. Para eso se trasmitieron esas imágenes: para asegurarse de que no nos hiciéramos la más mínima ilusión sobre los rumores que ya circulaban por el resto de la ciudad y del país.

*Fragmento del libro inédito Nuestra hambre en La Habana

Sunday, July 11, 2021

UN LIBRO PARA “CASTILLÓFILOS”*

Por Carlos Manuel Estefanía

Es usted de las personas que se enamoran de las fortalezas, que las que se fascina ante su grandeza, de la que pasa la mano por sus imponentes muros, como si de ese modo pudiera usted descubrir el relato de héroes y hazañas que entre sus piedras ocultan las paredes. Entonces, no debería pasar por alto: “MONTALEMBERT EN CUBA. LA FORTIFICACIÓN POLIGONAL DEL SIGLO XIX”. Ese es el título de un libro del investigador Antonio Ramos Zúñiga, escrito en el 2019, y publicado en el 2020 por la Asociación Cubana de Amigos de los Castillos. Tiene por ISBN las cifras: 9 7 9 8 7 4 6 0 8 8 9 7 0.

El diseño de cubierta ha sido realizado por Ernesto Valdés. Es la típica obra con la que se deleitaría aquel lector, que, amando la historia, se interesa por lo que sobre ella nos cuenta la arquitectura de una época, en particular esas fortalezas que tanto protegieron a Cuba en su etapa imperial.

Digo “imperial”, porque lo considero un término mucho más apropiado que ese al que nos tuvo acostumbrados, primero la historiografía liberal, luego la marxista: el de “colonial”. Y es que, técnicamente, Cuba no fue una colonia; a lo sumo una capitanía de un virreinato español en América, regido prácticamente por las mismas reglas, que los virreinatos españoles de Europa; con la particularidad de que, en nuestro caso, tocó a los cubanos administrar territorios tan importantes, de lo que hoy son los Estados Unidos, como los que cubren buena parte del Estado de la Florida y el de Luisiana.

Pero volviendo a nuestro libro, en particular su título. Varias cosas debemos preguntarnos antes de leerlo. La primera: quién fue ese tal Montalembert, por qué esa disposición a aceptar las propuestas defensivas del que, a todas luces, era un francés. Y, por último, de qué estamos hablando cuando nos referimos a una “fortificación poligonal”.

Para comenzar diré que Marc-René de Montalembert, como su nombre sugiere, era de nacionalidad francesa. Había nacido el 16 de julio de 1714 en Angulema, y morirá en París, el 29 de marzo de 1800, a la respetable edad de 85 años. Evidentemente el arte de la “matasanería”, no estaba tan desarrollado como en nuestros pandémicos tiempos. Y eso que este Noble, era Marqués, alcanzó el rango de General de división y que participó en la Guerra de sucesión polaca.

Pero quizás lo que más nos interese del personaje sea su condición de ingeniero militar, especializado en fortificaciones y por su puesto su condición de escritor; no tanto como autor de comedias, como de una obra de once volúmenes llamada “La Fortification Perpendiculaire”. Se publicó en París entre 1776 y 1778 y es donde expone su teoría del fuerte poligonal.

Se trata de un tipo de fortificación aparecida a fines del siglo XVIII en Francia y extendida a otras partes de Europa en el siglo XIX, en la que, a diferencia de las fortalezas anteriores, desaparecen los bastiones, pues éstos se habían vuelto muy vulnerables con el desarrollo de las técnicas de sapa y artillería.

Fue precisamente un ingeniero francés; Sébastien Le Prestre de Vauban, quien puso en crisis el sistema de baluartes, al idear el modo de derribarlos. Le Prestre, más conocido como “señor de Vauban”, llegó a ser mariscal de Francia, a pesar de haber nacido en 1633 en un pequeño pueblo de Borgoña y sin grandes contactos sociales. Participó en la empresa militar que le permitió a Luis XIV colocar a su nieto en el trono español, ganándose por esos y otros méritos en afecto del Rey. Tras convertirse en comisario general de Fortificaciones en 1678, Vauban garantizó la protección del reino francés con una red de fortalezas en el noreste del país que mantendrán su utilidad más de un siglo después. Teórico del asedio, Vauban volvió obsoletos los castillos con bastiones colocando contra ellos la artillería en líneas paralelas, cuyos disparos rebotaban hacia el interior del parapeto, dañando así a los hombres y armamentos que allí se protegían.

El caso que la obra del señor de Vauban fue estudiada detalladamente por Montalembert, quien, para evitar a los franceses recibieran, su propia medicina, crea un sistema en contra del atrincheramiento paralelo del enemigo. Está basado en el bombardeo hecho por un gran número de cañones y la sustitución de los baluartes por una suerte de tenazas que generaban una línea defensiva en zigzag. Los cañones se montarían en casamatas de mampostería de varios pisos, como cámaras abovedadas construidas en las murallas de los fuertes.

Ahora bien, para comprender el interés que pudo haber por el pensamiento militar de este hombre en la España de su tiempo, interés que se prolongó hasta casi un siglo después, habría que entender la repercusión a nivel cultural y de saberes que tuvo el ascenso al trono español de la casa Borbón. El hecho ocurrió tras la llamada “Guerra de sucesión española”, iniciada en 1701 como resultado de la muerte, sin descendencia. de Carlos II de España, el último representante de la Casa de Habsburgo.

Fue aquella una verdadera guerra internacional que finalizará formalmente con la firma del Tratado de Utrecht en 1713, y la instauración de la Casa de Borbón en el trono de España. Sin embargo, a nivel peninsular la resistencia de los llamados austrasistas se mantendrá hasta 1715 con la capitulación de Mallorca ante las fuerzas del rey Felipe V, el primer Borbón de España. Su rechazo no fue para menos, desde aquel momento España se convertirá en una especie de nación tutelada por Francia de manera más o menos vergonzante. Aunque a la historia oficial hispanoamericana le cueste reconocerlo.

El país sufrirá una suerte de revolución cultural con la importación de la ideología oficial del despotismo borbónico francés, conocida como “ilustración”, el olvido de todo lo que recordara los logros de la etapa de la Casa de Austria, la auténtica forjadora del imperio.

Esta condición de subordinación de España a Francia se puede advertir sutilmente en los contenidos en lo que se llamó Pactos de Familia (1733-1789); tres acuerdos, firmados en distintas fechas del siglo XVIII, entre los Borbones de España y sus primos en Francia. Dos de ellos se acordaron en la época de Felipe V y el tercero en la de Carlos III. Los pactos tenían un gran componente militar, por ejemplo, el Primer Pacto de Familia, el de mil setecientos treinta y tres, involucra a España en la ya mencionada guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738), haciéndola luchar lado de Francia.

El objetivo final era la absorción de España y sus territorios de ultramar por Francia. Eso generará en aquellos últimos una serie de conflictos que al final escalaran hasta degenerar en las guerras de independencias que estallan cuando partes de la burocracia y de la aristocracia peninsular juran fidelidad al rey José I, hermano de Napoleón, el 6 de junio de 1808.

Como ya sabemos de aquellas contiendas independencia solo Cuba y Puerto Rico quedaron como parte del imperio de la América Hispana. El resto de los territorios separados se enzarzaron en sanguinarias guerras intestinas, las cuales facilitaran el crecimiento a su costa de Estados Unidos en el norte del continente y de Brasil en el sur.

Cuba, aún conectada administrativamente con la Madre Patria lo hará en todo lo demás, incluso en sus tendencias arquitectónicas. Es verdad que con la expulsión de Napoleón y los últimos afrancesados la influencia cultural de Francia fue menguando en España en beneficio de otras potencias europeas, particularmente del Imperio Británico, cuyos intereses eran promovidos fundamentalmente a través de logias masónicas que plagaban el ejércitos y la clase política hispanos.

Sin embargo, en lo que respecta a los sistemas de Montalembert, el conocimiento de estos que se tenía en España era muy amplio y se mantuvo intacto, al punto que, combinado con ideas alemanas, influyó en varias generaciones de ingenieros militares españoles, y concretamente en el Plan de Defensa de España de 1855. *

Esto encaja con la tesis sostenida por Ramón Zúñiga en su obra, de que, durante la mayor parte del siglo XIX, Montalembert fuera el referente más importante en los proyectos de defensa de la Habana y en toda la isla.

En la introducción de su libro, Ramos Zúñiga nos recuerda que la condición de “llave del Nuevo Mundo”, dada su centralidad regional y su importancia comercial, luego por el azúcar, y en gran medida por un largo proceso de simbiosis cultural y como los castillos de la Fuerza, el Morro, La Punta, las murallas del siglo XVII, las formidables fortalezas borbónicas La Cabaña, el Príncipe, Atarés y San Diego y decenas de fortificaciones más, testimonian el esmero de la corona por conservar su perla antillana. Así mismo relaciona la perdida de los territorios continentales americanos, con el levantamiento de fortalezas de nuevo tipo, las afamadas poligonales con casamatas, cuyos ingenieros, alguno que otro nacido en Cuba se nos mencionan con rasgos y señales, para gloria de la arquitectura cubana. De igual modo se nos indican las prevenciones militares ante la posibilidad de tener que lidiar con Estados Unidos o y revueltas internas

Por otra parte, también se nos recuerda la llegada a la Habana tanto de tropas expedicionarias procedentes de la Península y como de los restos de los ejércitos repatriados del continente, lo que exigía la necesidad de una mayor infraestructura cuartelaria para la que nunca faltará el presupuesto.

Libro en mano, iremos recorriendo la isla de oriente a occidente parara saber como se fue implementando y modernizando a lo largo de ella y entre 1858 y 1898, los sistemas defensivos y dentro de ellos, particularmente, la fortificación poligonal. El significando que tuvieron en esta evolución tanto los conflictos internos, es decir las diferentes contiendas entre separatistas e integristas como el desafío exterior que significó la declaración de Guerra por parte de Estados Unidos. Todo ello acompañado de magnificas ilustraciones y de una valiosa bibliografía.

Por todo lo anterior me veo en la obligación de recomendar al curioso lector, de Antonio Ramos Zúñiga, “MONTALEMBERT EN CUBA. LA FORTIFICACIÓN POLIGONAL DEL SIGLO XIX, una obra que todo amante de los castillos, de la historia y de nuestra amurallada isla, sabrá disfrutar.

Tuesday, June 29, 2021

Poetas en Nueva York

Por Enrisco

Nueva York siempre ha inspirado a los poetas de lengua española. Es llegar y ponerse a escribir versos. Como si entraran en trance.

No es que sea una ciudad muy poética que digamos. Debe ser el contraste.

Viene el poeta con la cabeza llena de pájaros y le preguntan que a cuánto vende la libra de pájaros.

No sabe qué contestar y lo dejan con la palabra en la boca. Entonces el poeta, desolado, se aplica febrilmente a demostrar que sí tiene algo importante que decir.

Algo así le pasó al primero, el cubano José María Heredia. Llegó a la ciudad el 22 de diciembre de 1823 dispuesto a comérsela viva pero el frío y el inglés lo hicieron huir año y medio después, como el peligro a que lo fusilaran los españoles lo había hecho huir de Cuba.

Pero antes de abandonar Nueva York alcanzó a publicar su primer libro de poesía y un brinquito que se dio a las cataratas del Niágara le inspiró su poema más famoso.

Está el caso de su compatriota José Martí quien durante sus quince años en Nueva York se aburrió de escribir poemas hasta que regresó a Cuba a servirle de tiro al blanco a las tropas españolas.

Ya para entonces Nueva York era el paradigma de la modernidad capitalista que Martí se dio gusto de explicarle al resto de Latinoamérica mientras se quejaba de la falta de espíritu poético de la ciudad.

Estando todavía en la ciudad lo visitó el gran poeta nicaragüense Rubén Darío. Darío acababa de ser designado cónsul de Colombia en Buenos Aires y de alguna manera consiguió convencer al que sacaba los pasajes que el camino más corto a Argentina pasaba por Nueva York y París.

También visitó las cataratas del Niágara pero le parecieron inferiores al poema de Heredia. Más húmedas, supongo. Darío visitó Nueva York dos veces más. En 1907 y en 1914.

La última visita no le fue especialmente agradable. Andaba corto de dinero y encima contrajo neumonía doble.

Archer Huntington, presidente de la Hispanic Society le ofreció dinero pero Darío solo aceptó quinientos dólares y, para mantenerse, escribió artículos para el periódico en español La Prensa.

El New York Times lo anunció como poeta sudamericano y, en venganza Darío describió la ciudad así:

“Casas de cincuenta pisos, Servidumbre de color,/ Millones de circuncisos,/ Máquinas, diarios, avisos,/ Y dolor, dolor, dolor”.

En la primavera de 1905 Darío saldría para Guatemala invitado por su presidente Manuel Estrada Cabrera, un señor que ganaba elecciones y amansaba volcanes por decreto y celebraba festividades a la diosa Minerva para gloria suya.

No es que el poeta apreciara mucho al amansavolcanes pero este prometió encargarse de los gastos de estancia y Darío se marchó de Nueva York sin saber que le quedaba menos de un año de vida.

Al año siguiente llegó a la ciudad el poeta español Juan Ramón Jiménez para casarse con su compatriota Zenobia Camprubí en la iglesia de St. Stephens (en la 69 entre Columbus y Broadway).

No estuvo en la ciudad mucho tiempo pero el viaje le sirvió de pretexto para escribir su Diario de un poeta recién casado en el que lo mismo llama a la ciudad “maravillosa Nueva York” que “el marimacho de las uñas sucias”, whatever it means.

Pero el más famoso de los encuentros poéticos en español con Nueva York fue el de Federico García Lorca entre 1929 y 1930. Más que encuentro fue un choque.

El cantante de los campos verdes y los gitanos multicolores se puso a escribir cosas como:

“Debajo de las multiplicaciones/ hay una gota de sangre de pato; debajo de las divisiones/ hay una gota de sangre de marinero”.

Como si hubiera confundido un tomacorrientes con su tintero y los versos le salieran electrocutados.

Su Poeta en Nueva York no aparecería hasta después de que los franquistas lo usaran de diana y, para desgracia de la poesía, acertaran.

Saturday, June 19, 2021

Entrevista al historiador francés Paul Estrade sobre Severiano De Heredia, cubano alcalde de Paris

Por Roberto Perera

Hoy te quiero hablar de un cubano ilustre del siglo XIX cuya historia y trayectoria no dejan de asombrarme. Se trata de Severiano de Heredia, primo de José Maria Heredia, el poeta romántico cubano, el del Himno del Desterrado y de la Oda al Niágara. ¿Y por qué su biografía es digna de recordar? Pues porque este cubano del siglo XIX llego a ser alcalde de Paris y ministro de la 3ra Republica en Francia. El historiador e hispanista francés Paul Estrade escribió una biografía publicada en español en 2018 por la editorial Boloña de la Oficina del Historiador de La Habana y que se titula: Severiano de Heredia. El mulato cubano alcalde de París. Paul Estrade está con nosotros hoy para hablarnos de Severiano de Heredia... 
Músicas utilizadas: Siboney - de Ernesto Lecuona - Versión live interpretada por Rubén González.



Friday, June 18, 2021

Jorge Luis Camacho. Sinfonía cubana I. Una familia cubana en la tormenta de la revolución. Primer movimiento. “Allegro ma non troppo.”



Por Rafael E. Saumell, Profesor Emérito de Español, Sam Houston State University, Texas.

Sobre la revolución de Fidel Castro se han publicado riadas de libros de todos los géneros, dentro y fuera de la isla. La novela en cuestión podría ser calificada bajo el rubro de “literatura en el exilio”, según la distinción establecida por Claude Cymerman en su ensayo “La literatura hispanoamericana y el exilio” (Revista Iberoamericana, julio-diciembre 1993, núms. 164-65: 523-550). es decir la que se escribe fuera de Cuba y que trata de los avatares ocurridos desde el 1 de enero de 1959 con el derrocamiento de un régimen impuesto mediante un golpe de estado (10 de marzo de 1952), por el general Fulgencio Batista Zaldívar, quien escapó de Cuba en las primeras horas del año en el cual comienza esta obra. Precisamente Cymerman destaca “…que la revolución castrista…ha incurrido en un totalitarismo que ha llevado al exilio a numerosos cubanos y a muchos intelectuales de la isla” (523).

Por ese motivo esencial, el autor radica en París, Francia, desde 1981 donde ha desarrollado una multiplicidad de profesiones: actor, guionista, escritor y músico. Esta última es clave para entender el título del libro y la descripción del ritmo narrativo predominante en la primera parte. Las transformaciones en los destinos de los personajes ocurren de manera acelerada aunque no demasiado, y esos hechos están condicionados por el referente histórico-político sobre el cual no tienen control ni capacidad de reaccionar, exitosamente, para detener sus consecuencias profundas y devastadoras en varios planos: económico, social, político y privado.

En el caso de esta trama y en relación con los personajes, se puede hablar más que de instrumentos materiales (cuerdas, metales, percusión, viento, etc.), de un coro de voces simultáneas dirigidas por el narrador que ordena sus actuaciones en un esquema cabalmente organizado.

¿Quiénes son esas voces? Se trata de los integrantes de la familia Robles-Serra asociados, en tanto que propietarios y comerciantes, con la primera industria nacional, la azucarera, que ha marcado la vida nacional desde finales del siglo XVIII, cuando la revolución de Haití comprometió el lugar cimero, a nivel planetario, que ocupaba esa parte de La Española en la producción de azúcar y café. Los hacendados y su séquito se marcharon a Cuba y allí invirtieron y reprodujeron sus capitales.

Dichas voces tienen nombres: Fernando Andrés, el patriarca, su esposa Sofía, los hijos de ambos Rodrigo y Patricio, Libertad, esposa del primero y madre de Julio, un niño que aparte de sus deberes escolares estudia piano clásico. Con él entran a la novela personajes y elementos de la cultura afrocubana, especialmente en lo tocante a la música popular y a las religiones sincréticas.

¿Cómo se da el referente histórico-político en la novela? Mediante la inserción de breves noticias que informan al lector y a los personajes de las medidas que va implementando el gobierno revolucionario desde su asunción del poder. Ante ellas, los personajes opinan, expresan sus juicios y emociones frente al escenario presurosamente voluble del contexto.

Una virtud de la novela radica en que ni el narrador ni los personajes se manifiestan de manera tendenciosa, un defecto de cierta literatura de agitación política contra el cual se pronunció el mismísimo Friedrich Engels. En una carta a Minna Kautsky, este opinó al respecto: “la tendencia debe surgir de la situación y de la acción mismas, sin que se haga explícitamente referencia a ella, y el poeta no debe dar al lector ya acabada la futura solución de los conflictos sociales que describe”

En otras palabras, el narrador de la Sinfonía ofrece datos y deja que los personajes se rebelen contra lo que les perjudica pero no sermonean a otros ni mucho menos al lector con graves discursos sobre lo que debería hacerse, ellos simplemente actúan dadas las circunstancias expuestas en el texto literario.

También el uso de la cronología de los hechos da una guía temporal y contextual que le sirve al lector para evaluar el comportamiento de los personajes ante cada nueva situación, en qué orden se presentan los acontecimientos y las acciones, qué expectativas se abren en el ámbito de la trama, para revisitar el pasado y observar el comportamiento de individuos y clases involucrados en un ambiente de transformaciones inéditas que se suceden sin pausa y cada vez con mayor impacto y arbitrariedad en el porvenir de una nación.

Recomiendo con mucho entusiasmo esta obra a los lectores de todas las edades y que deseen enriquecer sus valoraciones sobre un régimen aún inestable y en vigor sesenta y dos años después del inicio de la trama comentada.

Disponible en Amazon.

 

Thursday, June 17, 2021

PRESENTACIÓN EN MADRID DE HISTORIA DE LA CENTENARIA BANDA DE CONCIERTOS DE CAIBARIÉN

Por Jesús Díaz Loyola

Su autor, el clarinetista cubano Alberto Rodríguez Acuña, bajo el sello de RoqueLibros nos lega un valioso documento para comprender la raíz de una agrupación que ha hecho de una ciudad cubana, cuna de grandes músicos.
El doctor Rafael Garesse Alarcón, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, destacó los valores de una de las bandas de música más antiguas de Cuba que tuvo entre sus primeros directores a un célebre español: el valenciano de Alcoy, Ernesto Jarque Gómez.
Caibarién, un pueblo del norte de Cuba es cuna de grandes músicos como Manuel Corona, que lo ha hecho célebre con «Longina», una de sus canciones más universales. Y lo es también por la Banda de Conciertos de la ciudad, que tuvo entre sus más célebres directores al valenciano Ernesto Jarque Gómez, un emigrado de Alcoy a la isla a principios del siglo XX.
Este martes 8 de junio, el libro sobre la historia de la mítica agrupación, contada con precisión tras muchos años de investigación por el clarinetista, profesor y director de orquesta cubano-español, Alberto Rodríguez Acuña (1950), fue presentado en Madrid en una cuidada edición de RoqueLibros, el sello editorial que en el último año se viene especializando en la promoción de historias de la vida cultural cubana.
Su editor, Juan Carlos Roque García, ha exaltado los valores de identidad de
"Banda de conciertos de Caibarién: Un ícono de la música cubana”, y el esmerado trabajo de investigación de su autor en el volumen de 230 páginas.
En la velada de presentación, el doctor Rafael Garesse Alarcón, rector de la Universidad Autónoma de Madrid, tuvo elogios para el profuso trabajo que Alberto Rodríguez consigue reunir con la historia de más de un siglo de la banda de su pueblo. Y reconoció “una labor de investigación admirable.”
Rodríguez Acuña radicado en España hace más de tres décadas, es hoy por hoy un consumado músico, laureado clarinetista y director de orquesta que atesora una prolífica carrera que tuvo sus emprendimientos a la luz de los años dorados de la Academia de la propia banda ahora hecha historia.
Alberto Rodríguez está considerado como uno de los clarinetistas más representativos del panorama musical europeo. En Praga fue clarinete solista de la Orquesta de la Ópera Mozart y de la Orquesta Sinfónica Bohemia, y cada año figura en el plantel de músicos de los festivales internacionales en la capital checa. Es destacado también por su labor pedagógica en la formación de nuevas generaciones de músicos.
Sus años españoles han sido imprescindibles para completar su historia y la figura particular del valenciano Ernesto Jarque, el prolífico segundo director de la agrupación después que el maestro cubano José Pilar Montalván Raimundo la fundara en 1904.
En marzo último, “Banda de conciertos de Caibarién: Un ícono de la música cubana” (RoqueLibros), llegaba al mercado editorial de Amazon en dos versiones: la impresa y en versión kindle
para ebook
. 
En la presentación del libro en Madrid, además de las exposiciones del autor, se escucharon intervenciones virtuales desde Caibarién, Cuba, por la clarinetista Angela Sañudo Rodríguez, actual directora de la banda y del saxofonista Julio Rodríguez Elí, uno de los músicos más antiguos en la plantilla de la laureada formación, que ya en 1911 cuando la integraban noveles músicos ganó el premio del Concurso Nacional de Bandas bajo la batuta de Jarque con la brillante ejecución de las oberturas “Si yo fuera rey”, de Adams y “Obertura 1812”, de Tchaikovsky. “Todos cuantos oyeron a la simpática Banda en las piezas que tocaron se hacen lenguas de su magistral interpretación”, relataron las crónicas de la época.
Más de un siglo después, el virtuosismo de la historia musical de Caibarién retumbó el martes en el Salón Príncipe de Asturias del Centro Asturiano de Madrid -que acogió la presentación- con la fabulosa interpretación de la épica “Longina” de Corona por la soprano checa-española Eva Novotná y la magistral ejecución del piano por el maestro Alberto Joya.
El director del Centro Asturiano, Valentín Martínez-Otero, agradeció el acontecimiento en la sede de los astures, entre rigurosas medidas preventivas por la pandemia.
El libro de Alberto Rodríguez Acuña quedará como un testamento imperecedero de los años de gloria de la Banda de conciertos de Caibarién, que al otro lado del océano sigue siendo aplaudida como un icono incuestionable, cada vez que el plantel de sus músicos desenfundan sus instrumentos y llenan con su armonía adorable un rincón cubano junto al mar.

Tuesday, June 8, 2021

Emilia Bernal. Antología literaria: verso, prosa y traducción poética

 


Selección e introducción de Manuel J. Santayana Ruiz. Prólogo, edición y notas de Emilio Bernal Labrada.  Colección Pulso Herido, Academia Norteamericana de la Lengua Española. The Country Press, Lakeville, MA, 2020, 302 pp. 

POR GUILLERMO A. BELT

Es una obra de amor, y con razón así la califica  el prólogo a esta antología de los poemas, la prosa y las traducciones literarias de Emilia Bernal. Es también un acto de justicia, porque rescata del prolongado eclipse editorial, señalado por el profesor Manuel Santayana en la Introducción, la muy larga y destacada labor de la viajera de la palabra escrita, como la llamó Luis Mario. Y es, agrego, un elegante recuerdo del temprano interamericanismo de Emilia Bernal, patriota cubana adelantada a su tiempo, tan evidente en su libro Cuestiones cubanas para América, publicado en Madrid en 1928. 

En el Capítulo I leemos poemas procedentes del primer libro de Emilia Bernal, Alma errante, publicado en La Habana en 1916, algunos con traducción al inglés por el editor de la obra, el citado  Bernal Labrada. Siguen los de ¡Como los pájaros! (San José de Costa Rica, 1922), con algunos igualmente traducidos. De entre ellos Santayana ofrece una selección de madrigales y sonetos. 

En 1925 Emilia publica en Madrid Los Nuevos Motivos. El ilustre antólogo nos regala más de una docena de poemas de este libro, y de Evocación al Quijote comparto la primera estrofa, clamor vigente hoy, casi un siglo después: 

 

¡Padre y señor de mi alma, Don Quijote! 

Sobre nosotros tu locura enjuicia 

para que vuelva a enraizar y brote 

en la tierra la flor de la justicia. 

 

También en 1925, y en Madrid, nace Vida. Entre los poemas de este libro hay uno sobre la Alhambra a la luz de la luna, con inspirada traducción (del Bernal Labrada), otro regalo para quienes guardamos recuerdos del patio de los arrayanes. 

Siete poemas selecciona Santayana de Exaltación (Poema sinfónico), publicado tres años después de Vida, de nuevo en Madrid. Teniendo en cuenta el interés de los anglohablantes, también aparece aquí, junto al original de Persecución astral, su versión inglesa. 

En 1934 Emilia Bernal publica en La Habana el libro Negro (Poemas), con una selección de sonetos y una introducción en prosa. Y en 1937 publica América, libro que, nos dice Santayana, fue “dedicado por Emilia Bernal a los países por ella visitados en su largo periplo a través del continente, durante el cual dio conferencias, compuso versos y se relacionó con los más importantes escritores, poetas y entidades culturales de cada país y localidad.” 

El año 1937 fue especialmente fecundo. En el libro Sonetos Emilia reúne, de nueve de sus obras publicadas hasta esa fecha, los poemas pertenecientes a esta categoría. Cinco de los seleccionados para la antología corresponden a Mallorca (Santiago de Chile, 1937) y los restantes a Negro. 

El Capitulo I cierra con seis poemas transcritos por la Dra. Hilda Bernal Labrada, hija de la poetisa, tomados del libro inédito Lubricán, que Emilia Bernal preparaba en Cuba durante sus últimos años allí, antes de salir al destierro en Washington, D.C. 

La prosa de Emilia Bernal es el tema presentado en el Capítulo II. Los textos proceden de cinco libros: Sentido; Mallorca;Layka Froyka. El romance de cuando yo era niña; La raza negra en Cuba,  y Martí por sí mismo. Santayana selecciona los textos de los dos primeros, ambos publicados en Santiago de Chile, ediciones de 1938. La Dra. Hilda Bernal Labrada, fallecida en 1985, había hecho una selección preliminar —con miras a una futura antología— de los contenidos procedentes de la obra autobiográfica, cuya edición príncipe se publicó en Madrid en 1925; los del trabajo precursor sobre la mezcla de razas, que salió a la luz en Santiago de Chile en 1937, y los del libro sobre Martí, publicado por Emilia Bernal en La Habana en 1934, fueron escogidos por el propio antólogo, Manuel Santayana.  

En las cincuenta páginas del Capítulo III se recogen traducciones poéticas de Emilia Bernal, comenzando con las del poeta portugués Anthero de Quental. Seguidamente, las del catalán Joaquim Folguera. De la obra en lengua gallega de Rosalía de Castro, citamos lo siguiente: “Su lira inspiró a Emilia Bernal a traducir una porción considerable de sus entrañables versos…” 

Emilia tradujo en su totalidad el libro Juca Mulato del poeta brasileño Menotti del Picchia, y publicó la traducción en La Habana en 1940 con una introducción de del Picchia, proclamado “Príncipe de los Poetas Brasileiros” en 1982. Asimismo tradujo el libro Martím Cereré del brasileño Cassiano Ricardo. 

Este capitulo, el último, concluye con las traducciones del poeta catalán Ventura Gassol y de los portugueses Eugénio de Castro y Antonio Nobre, éste ya fallecido cuando Emilia Bernal conoció su obra durante su estancia en Portugal. 

Obra de amor, acto de justicia, elegante recuerdo que en su Colección Pulso Herido acoge la Academia Norteamericana de la Lengua Española. 

Monday, May 31, 2021

Guillermo A. Belt: “La diplomacia de Cuba es una diplomacia reactiva”

Por Enrique Del Risco


“Lucidez”, esa es la primera palabra que me viene a la mente cuando pienso en Guillermo A. Belt. “Mesura” sería la siguiente. Incluso, como se verá, a la hora de evaluar al régimen de un exilio que le ha durado toda la vida. El mismo régimen que a la hora de definir a su padre Guillermo Belt Ramírez, uno de los diplomáticos cubanos del siglo XX, lo tacha de “servil al imperialismo” entre otras lindezas. Ecured, la enciclopedia digital oficialista, ha preferido ignorar que el padre de nuestro entrevistado estuvo entre los fundadores de la ONU y de la OEA, y que en la primera fue el designado para presentar la Carta de las Naciones Unidas a la asamblea plenaria y a pesar de las presiones norteamericanas votó en contra de la creación del Estado de Israel en territorio palestino. O que como representante cubano ante la OEA logró hacer aprobar en abril de 1948 la Doctrina Grau que prohibía la agresión económica entre los países miembros de la organización, iniciativa dirigida principalmente a frenar las pretensiones de usar la cuota azucarera como elemento de presión sobre Cuba. El antiguo embajador terminaría emigrando a los Estados Unidos con el resto de su familia donde su hijo entraría a trabajar en la misma OEA que ayudara a fundar su padre años atrás junto a un largo centenar de exiliados cubanos. A sus 88 años Guillermo A. Belt acaba de publicar un libro bilingüe Tiempo para todo bajo el sol/ A Time to Every Purpose que intenta resumir la extensísima saga familiar (son pocos los cubanos que pueden rastrear sus ancestros hasta el siglo XI) que me sirve de pretexto para disfrutar una vez más de su lucidez y su mesura.

Me acabo de leer su libro Tiempo para todo bajo el sol/ A Time to Every Purpose que recoge muy bien la historia familiar de los Belt, pero toma demasiada distancia de la suya. Pongámonos personales entonces: ¿Cómo fue para usted crecer siendo hijo de una personalidad como su padre?

Vamos a ver. A mi edad los recuerdos se difuminan, pierden claridad. Tu pregunta me lleva a otra: ¿cuándo me di cuenta de que mi padre era una personalidad? Sería como a los 10 años. Papá, conversando con mamá y nosotros, sentados a la mesa en nuestra casa en La Coronela, hablaba de Grau y su campaña para la presidencia. Fines de 1943 o comienzos del 44. Mi padre nos contaba lo que estaba haciendo para lograr la elección de Grau.

Recuerdo que un día me preguntó un amigo: “¿Qué hace tu viejo apoyando a Grau, cuando la gente decente como él apoya a Saladrigas?” Buena pregunta porque Carlos Saladrigas, el candidato del gobierno, era una persona honesta, muy conocida, un amigo de mi padre que se había destacado en la lucha contra Machado.

¿Es cierto, como afirma Ecured, que su padre “conspiró junto con la embajada de Estados Unidos contra el Gobierno de los Cien Días”?

Lo de Ecured es una falsedad, otra más. Lo que ocurrió lo cuento en un párrafo, el primero de la página 48 de mi libro, y también en las páginas 171 y 172 del texto en inglés. Mi padre no aceptó un cargo ofrecido por Grau en su primer gobierno por lealtad a Céspedes, quien lo había nombrado secretario de Instrucción Pública. Así lo declaró a la prensa y cito la publicación que conozco, de la Associated Press, recogida en The Baltimore Sun, así como la del New York Times. No dudo que hayan salido sus declaraciones en la prensa cubana, pero no tuve acceso a ella cuando escribí el libro.

Lo cual explica que once años después Grau le ofreciera a su padre la representación de su gobierno ante Estados Unidos ¿Qué recuerda de los años en que su padre fue embajador en Washington? 

Para nosotros, “los niños” –soy el mayor y cumplí los 12 poco después de llegar a Washington– fue grande el cambio de estilo de vida. Algo de esto lo cuento en el libro. A mi padre y mi madre los recuerdo muy jóvenes y sumamente ocupados, pero siempre pendientes de nosotros.

Con mis hermanos José Agustín (Sonny) y Noel, hoy ambos en la paz eterna, y nuestra hermana Marilys –40 días de nacido tenía Juan, el menor, al llegar a la embajada– nos asomábamos al balcón interior del tercer piso para ver llegar a los invitados a cenas diplomáticas ofrecidas por mis padres. A Sonny, Noel y a mí nos gustaba ver a personajes de la Guerra Mundial recién terminada, como el almirante Chester W. Nimitz, jefe de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, que venían de uniforme de gala. Era como asomarte a la historia reciente del mundo, con protagonistas reales, en vivo y en directo.

En el libro hay una foto de todos nosotros en el balcón interior del segundo piso. No hay constancia gráfica de nuestra atalaya en el tercero, donde estaban los dormitorios.


La Familia Belt (FOTO Facebook de Daniel Pedreira)

¿Cómo fue integrarse de nuevo al sistema educativo cubano? ¿Era muy diferente del norteamericano?

Fue muy difícil. Los profesores del Instituto del Vedado me examinaron de las asignaturas que no se estudiaban en Estados Unidos, como el Español, la Historia y Geografía de Cuba, y la Cívica. Querían examinarme, además, de Historia y Geografía universal. En aquel entonces me pareció una exageración; hoy no estoy tan seguro. Traté de convencerlos de que era mucho pedir; se apiadaron de mí. Mis padres me pusieron a estudiar con un tutor, de lunes a viernes, horario escolar. Regresamos a Cuba a comienzos de 1949 y en septiembre ya estaba listo para ingresar en cuarto año de bachillerato en el Colegio De La Salle del Vedado, tras aprobar en el Instituto todos los exámenes de las asignaturas no convalidadas, correspondientes al ingreso y a los años primero, segundo y tercero del bachillerato. Así alcancé a mis antiguos compañeros de clase de la primaria.

Sus años universitarios fueron de los más tormentosos en la historia de la república. ¿Cómo los recuerda personalmente?

Lo tormentoso de aquellos años me puso a escoger entre la Universidad de La Habana y la recién inaugurada Universidad de Villanueva. Mi abuelo materno José Agustín Martínez, gran abogado, autor del Código de Defensa Social, quería verme en La Habana, su alma máter y la de mi padre y abuelo paterno. Elegí Villanueva porque en la Universidad de La Habana la carrera de Derecho me habría llevado más de cinco años debido a frecuentes huelgas estudiantiles.

Yo quería graduarme a tiempo para comenzar a trabajar con mi padre. Salvo en época de exámenes iba todas las mañanas al bufete de mi padre en Morro 158, y por las tardes a clases. En Villanueva no hubo huelgas. Un día llegaron unos estudiantes de La Habana a hablar con nosotros. El rector me encargó atenderlos como presidente de la Escuela de Derecho. Tuve que explicarles que no podíamos acompañarlos en la huelga que planeaban porque no lo permitía el reglamento de nuestra universidad privada. Ese día me arrepentí de no haberme matriculado en la Universidad de La Habana.

Uno de los artículos de fe más insistentes de la propaganda oficial era la total subordinación de la política exterior cubana a la norteamericana durante la República. ¿Llegó a ser así en algún momento? ¿Cambió a lo largo de los años? ¿Cómo?

Buen ejemplo de la falsificación sistemática de la historia de Cuba por el régimen atrincherado en el poder. En el exilio cubano se hacen esfuerzos por rescatar la verdad de lo que fue la República de Cuba. Destacan los de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, de la que soy miembro. A poco de mi incorporación, la AHCE amablemente acogió en su blog un artículo mío, “Relaciones Internacionales de la República de Cuba”, publicado originalmente en el número especial de la revista Herencia en conmemoración del centenario de la República. Allí doy antecedentes de la trascendental actuación oficial de Cuba en escenarios internacionales, desde la III Conferencia Internacional Americana en 1906, hasta la VI, celebrada en La Habana en 1928, que aprobó el Código de Derecho Internacional Privado y lo denominó Código Bustamante en honor de su autor, el ilustre jurisconsulto cubano Antonio Sánchez de Bustamante. Recuerdo también la doctrina de la agresión económica que mi padre planteó, en representación de Cuba, en la conferencia interamericana de 1947 en Río de Janeiro, y que al año siguiente fue acogida en el artículo 16 de la Carta de la OEA al aprobarse este tratado en Bogotá.

Estas propuestas y actuaciones de Cuba republicana, y otras que no cito para no alargar la respuesta, fueron a contrapelo de la política exterior de los Estados Unidos.

La presencia de su padre en Washington coincidió con uno de los períodos más activos de la política exterior cubana durante la república con la participación destacada y distintiva de Cuba en la fundación de la ONU y la OEA. ¿Qué me puede decir al respecto?

Días después de su elección por una montaña de votos, Grau le preguntó a mi padre si quería ser ministro de Relaciones Exteriores o embajador en Washington. Mi padre eligió la embajada porque pensaba que como embajador podía hacer mucho más que como canciller. Corrían los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y sus aliados iban camino a la victoria, y la capital estadounidense era el centro de la actividad diplomática mundial.

En septiembre de 1944, mi padre acompañó a Grau en la visita que hizo a Estados Unidos como presidente electo. El presidente Franklin D. Roosevelt le ofreció un almuerzo al antiguo profesor universitario, el mismo que se había negado a reconocer cuando asumió la presidencia en 1933, por exigencia de los estudiantes de la Universidad de La Habana al disolverse la pentarquía instalada a la caída de Machado. Mi padre recordaba que Roosevelt, después de una amable charla con Grau en la Casa Blanca, le comentó que le costaba trabajo pensar que no había reconocido su gobierno anterior. El próximo embajador de Cuba en Washington entraba con buen pie, aún antes de comenzar su misión.

El 27 de noviembre, el embajador Belt presentó sus cartas credenciales a Roosevelt. En diciembre voló de regreso a La Habana para el bautizo de Juan, su quinto hijo, y para pasar la Navidad con su familia. No había tiempo que perder, así que el 1 de enero de 1945 llegamos todos a Washington, a la base aérea de Andrews.

El 25 de abril mis padres estaban en San Francisco para la conferencia internacional que creó las Naciones Unidas. El primer día los Cuatro Grandes –Estados Unidos, Gran Bretaña, la URSS y China– integrantes del Comité de Coordinación, eligieron al Embajador Guillermo Belt, jefe de la Delegación de Cuba, relator de este. Fue, por tanto, la primera persona electa a un cargo en esa conferencia, y en tal calidad presentó la Carta de las Naciones Unidas, que lleva su firma, a la aprobación del plenario.

Desde el comienzo, Cuba desempeñó un papel muy destacado y ampliamente comentado en la prensa internacional. En el libro, cito artículos referentes a las actuaciones de mi padre en contra del veto, que estaba reservado a los Cinco Grandes (al sumarse Francia al club exclusivo de los cuatro primeros), así como oponiéndose a la partición de Palestina. Estas propuestas, fuertemente impulsadas por Estados Unidos, fueron aprobadas. Sin extenderme demasiado, el tiempo ha dado la razón a los argumentos del embajador cubano en ambos casos.

Mi padre fue jefe de la delegación de Cuba a la Conferencia Interamericana celebrada en Bogotá en 1948, que aprobó la Carta de la OEA. Ya mencioné su propuesta de prohibir la agresión económica, acogida en el articulado de la Carta. Esta doctrina, reconocida como tal por tratadistas de Derecho Internacional, debió llamarse Doctrina Belt –y así lo escribió uno de ellos–.[1] Mi padre prefirió denominarla Doctrina Grau por lealtad al presidente que le había encargado la defensa de Cuba en el ámbito internacional.

La iniciativa fue combatida por los Estados Unidos porque iba dirigida a su gobierno, que podría valerse de la cuota azucarera de Cuba en el mercado estadounidense para ejercer presiones indebidas sobre nuestro país. La creación de este principio de Derecho Internacional la explico con citas textuales en el capítulo XV del libro (del texto en inglés), y de manera resumida en el capítulo correspondiente en español.


Daniel Pedreira, autor de la biografía ‘An Instrument of Peace The Full-Circled Life of Ambassador Guillermo Belt Ramírez’, Lexinton Books, 2019, junto a Guillermo A. Belt (FOTO página de Facebook de la Cuban Cultural Heritage)

Siendo su padre el creador de la doctrina que se oponía a la agresión económica, ¿qué opinaba sobre el embargo norteamericano hacia Cuba instaurado en 1960?

Durante la Segunda Guerra Mundial, la República de Cuba hizo un aporte importante a la economía de los Estados Unidos al garantizar el suministro de azúcar. Cuba no se aprovechó de su posición como principal vendedor para exigir un alza del precio del azúcar.

La preocupación de mi padre, planteada en la conferencia que tuvo lugar en Río de Janeiro en 1947 para definir los actos de agresión y aprobar el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, fue evitar que Estados Unidos, al distribuir su cuota de compra de azúcar entre Cuba y productores menores, pudiese valerse de su posición de comprador para exigir ventajas de tipo económico en sus relaciones con Cuba a cambio de mantener nuestra cuota.

La Carta de la OEA prohíbe la adopción por un Estado miembro de medidas coercitivas de carácter económico o político para obtener ventajas de cualquier naturaleza o para forzar la voluntad soberana de otro Estado. Esta disposición recoge fielmente el principio de Derecho Internacional propuesto por el jefe de la Delegación de Cuba, primero en Río de Janeiro y un año más tarde en Bogotá.

Mi padre no consideraba que el embargo de los Estados Unidos sobre el comercio con Cuba constituía agresión económica puesto que no se llevaba a cabo con el fin de obtener ventajas, ni como una presión indebida sobre su voluntad soberana.

La ley de Estados Unidos estableciendo el embargo tiene por propósito el retorno de Cuba al régimen de democracia y respeto por los derechos humanos que prevaleció, aunque de manera imperfecta, durante la República. Al aprobarse la ley, el gobierno de Cuba no cumplía, y no cumple hasta hoy, los compromisos que al respecto contrajo al firmar la Carta de la OEA y la Convención Americana sobre Derechos Humanos (Pacto de San José).

¿Y qué piensa usted?

Comparto la opinión de mi padre sin reservas.

¿Cuál era el credo de los gobiernos auténticos en política exterior?

El nacionalismo fue el credo del gobierno de Ramón Grau San Martín, fundador del Partido Revolucionario Cubano Auténtico, como de su sucesor inmediato en la presidencia, Carlos Prío Socarrás. Mi padre recibió de Grau un voto de confianza sin restricciones para llevar a cabo su misión diplomática.

¿Cuál fue el papel de su padre en ponerlo en práctica?

El papel de Guillermo Belt Ramírez en la defensa de los intereses de Cuba lo resumo así en el libro:

Cuando un embajador, de carrera o político, goza de la confianza absoluta del presidente, sus decisiones y declaraciones, al reflejar fielmente el pensamiento del jefe de Estado, constituyen la política exterior con respecto al país donde está acreditado. Guillermo Belt, acreditado ante el gobierno de los Estados Unidos, la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de los Estados Americanos, hizo política exterior en los tres ámbitos.


De izquierda a derecha el embajador cubano en el Reino Unido Guillermo (Willy) de Blank, el primer ministro Winston Churchill, y Guillermo Belt Ramírez (FOTO Facebook de Daniel Pedreira / Life)

¿Qué cambios apreciables introdujo Batista en política exterior tras su golpe de Estado?

Batista supo trasmitir a los Estados Unidos la idea de que él garantizaba la estabilidad del país, trabajando hábilmente por medio los embajadores Sumner Welles y Jefferson Caffery en los años convulsos en Cuba a comienzos de la década de 1930.

Digo esto sobre la base de lo que le oí contar a mi padre y en lo que he leído años después. Con el mismo fundamento pienso que en su única presidencia producto de elecciones, 1940-1944, continuó dando garantías de estabilidad al vecino del norte, muy valoradas por este, especialmente en tiempos de guerra como aquellos.

Tras el golpe de Estado hizo lo mismo porque esperaba obtener tan buen resultado como en ocasiones anteriores. Estados Unidos lo tiró por la borda cuando consideró, hacia 1958, que la situación en Cuba quedaba fuera del control de Batista, el hombre fuerte, el strongman.

Son apreciaciones muy básicas, desde luego. No entro en detalles porque no puedo decirte que haya estudiado a fondo la política exterior de Cuba entre 1952 y 1959.

¿Recuerda las circunstancias concretas en las que usted y su familia decidieron marcharse de Cuba? 

Mi padre tenía varios clientes extranjeros a quienes representaba como abogado en Cuba. A fines de enero de 1959 y comienzos de febrero viajó a Miami para reunirse con uno de ellos que había comprado grandes extensiones de tierra en Isla de Pinos con miras a su desarrollo turístico. En marzo una compañía de reaseguros de Múnich que había abierto oficinas en La Habana lo invitó, con todos los gastos pagos, a una sesión de su junta directiva en la ciudad alemana, en calidad de presidente de la sucursal cubana y abogado de la empresa. Papá invitó a mi madre y a mi hermano Juan a acompañarlo.

Estando a cargo del bufete de mi padre, un día me avisaron que unos milicianos habían arrestado a un grupo de personas en El Vedado, y entre ellos iba un cliente nuestro, ciudadano de los Estados Unidos. La noticia era que los habían llevado al Palacio de los Deportes. Sin muchas esperanzas fui allí, con tan buena suerte que en la puerta me encontré con un hijo de Pelayo Cuervo [líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), asesinado el 13 de marzo de 1957 a raíz del asalto al Palacio Presidencial] a quien conocía socialmente. Me preguntó qué hacía yo por allí, así que le di el nombre de mi cliente, con su nacionalidad, afirmando que el hombre no mataba ni una mosca. Dio órdenes a un miliciano y minutos después el muchacho regresó con el americano, que traía cara de susto. Mi amigo providencial me dijo, “ahí lo tienes”, y sin más ni más nos fuimos de allí, sin firmar un papel, pero desde luego agradeciéndole yo profusamente por su amabilidad al hijo de Pelayo, que vestía uniforme con insignias de comandante.

Esa fue una clara señal de que el estado de derecho había pasado de moda. Cuando mi padre, de regreso con Mamá y Juan en New York, me llamó para decirme que planeaban volver a La Habana en esos días, le sugerí que no lo hiciera y le conté lo sucedido en el Palacio de los Deportes, y otras cosas más que mejor me guardo.

Mi padre me hizo caso, gracias a Dios. Mamá y Juan volvieron a La Habana a fin de hacer arreglos para mi abuela en su casa y para Juan en el colegio. Poco después ellos salieron de Cuba, y fue por última vez, aunque no lo supieran entonces. Luego fueron saliendo, por separado, Noel y Marilys, ella con su esposo y dos hijos. Con excepción de Sonny –que eligió quedarse en Cuba un tiempo más porque era amigo de Yoyi García Bango, entonces en un alto cargo en la Dirección de Deportes– fui yo el último en salir, no sin antes viajar a Wisconsin en el verano de 1959 por invitación de otro cliente de Estados Unidos, agradecido por haberle aconsejado una rápida salida de Cuba tan pronto cayó Batista. Y no me fui sin primero embarcar hacia Miami a mi hija Mimi, de dos años, con su madre y abuela, para reunirme con ellas unos meses después.

Poco después de su llegada a los Estados Unidos usted junto a un centenar de cubanos exiliados pasa a trabajar en la estructura administrativa de la OEA. ¿Puede describirme las circunstancias en que se produjo esa “invasión” cubana?

Gracias por la pregunta porque me permite agradecer públicamente al embajador uruguayo José Antonio Mora Otero, en aquel entonces Secretario General de la OEA, por la generosa acogida que nos brindó a un grupo de algo más de cien cubanos exiliados. Cuba participaba en las reuniones de la OEA, el régimen no había sido excluido. Un día el embajador Carlos Lechuga protestó en una sesión del Consejo Permanente contra el ingreso de tantos cubanos, a quienes calificó de enemigos de la revolución. El Dr. Mora le contestó que, por los sueldos fijados reglamentariamente, inferiores a los de otros organismos internacionales como el Banco Interamericano de Desarrollo, había contratado a funcionarios cubanos altamente capacitados en beneficio de la OEA.

¿Esa presencia de exiliados cubanos tuvo algún impacto en el funcionamiento de la OEA? ¿Puede darme ejemplos concretos?

El tiempo le dio la razón a Mora, quien además, para honra suya, no se amilanó ante la critica de Lechuga. José Antonio Guerra, reconocido economista, ocupó un alto cargo en la Secretaría Ejecutiva para Asuntos Económicos. René Monserrat, otro economista cubano, fue nombrado director del Departamento Económico. Guillermo de Zéndegui llegó a la dirección del Departamento de Asuntos Culturales, y el Dr. Marcelo Alonso –uno de cuyos libros sirvió de texto en varias universidades de los Estados Unidos– a la del Departamento de Asuntos Científicos. El jurista Francisco García Amador fue director del Departamento Legal, y el exembajador de Cuba ante la Santa Sede, José Miguel Ribas, actuó hasta su retiro como asesor de alto nivel. García Amador dejó de recuerdo un libro suyo sobre el Sistema Interamericano, que fue obra de consulta imprescindible por muchos años. Zéndegui dirigió la puesta en valor del casco antiguo de la ciudad de Santo Domingo.

Ejemplos concretos, como me pides. Y como también me invitas a contar mis cosas, ahora hablaré de mí (le robo el título a Antonio Gala). Cuando entré a la OEA en junio de 1961 los compatriotas mencionados ya estaban allí, y algunos me ayudaron. Recuerdo los consejos de Guillermo de Zéndegui, viejo amigo de mi padre, también los de José Miguel Ribas, y especialmente los de Valentín Riva, muy querido amigo que había trabajado con mi padre en la embajada y dirigía la división de publicaciones de la OEA.

No te canso con detalles de mi carrera de treinta y siete años. Trabajé de cerca con cinco secretarios generales: dos habían sido presidentes –Galo Plaza, del Ecuador, y César Gaviria, de Colombia; tres, embajadores de carrera con distinguida trayectoria– Mora, del Uruguay, Alejandro Orfila, de Argentina, y Joao Clemente Baena Soares, de Brasil. Trabajé mucho, y se dice que bien. Creo que no dejé mal al Dr. Mora, que me abrió las puertas, ni a los otros cuatro, que me confiaron funciones a veces difíciles y delicadas.

Su vinculación al mundo diplomático debe haberlo mantenido al tanto sobre la evolución de la diplomacia castrista. ¿Qué nos puede decir sobre esta?

Al comienzo de mi carrera en la OEA no tuve acceso a los órganos políticos, como el Consejo Permanente, donde habría podido observar la actuación de la diplomacia castrista en el escenario interamericano. Poco después se excluyó la participación del régimen en la OEA, lo que libró a los colegas de Lechuga de sus consignas y reclamos, no dudo que para beneplácito general. Diplomáticos cubanos aparecían de vez en cuando en sesiones públicas del Consejo, y de la Asamblea General cuando esta tenía lugar en el bello edificio de la avenida Constitution y la calle 17. Cabildeaban más o menos discretamente con sus aliados naturales, los representantes diplomáticos de regímenes “de izquierda”.

Los diplomáticos castristas tienen formación profesional. En el arte de la diplomacia, desde luego, y también en las mañas de lo que se ha dado en llamar la inteligencia, por no decir el espionaje.


De izquierda a derecha Manuel Brana, editor de periódicos; Ramón Grau San Martín, presidente cubano; y Guillermo A. Belt (FOTO Facebook de Eleonor González / CBS Archive)

¿Tendría alguna manera de comparar la diplomacia cubana antes y después de 1959? ¿Persiste algún parecido? ¿Cuál es la diferencia fundamental?

La diplomacia de Cuba después de 1959 es una diplomacia reactiva. Se opone automáticamente a todo lo que pueda plantear Estados Unidos. Es más, a todo lo que representa este país, capitalismo incluido. El imperialismo yanqui, las entrañas del monstruo y todo eso. Por otra parte, es una diplomacia de apoyo a los regímenes bajo su tutela en América Latina y el resto del mundo.

A veces se les mojan los papeles a estos agentes de la diplomacia y/o del MININT. Como cuando gritan a voz en cuello para que no se oiga la denuncia que algún opositor del régimen trata de presentar al Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

No recuerdo nada parecido en la diplomacia cubana antes de 1959.

Dicho esto, debo reconocer que los diplomáticos del régimen castrista logran sus objetivos cuando, por ejemplo, se elige a Cuba para integrar un organismo de protección de los derechos humanos. Lo logran con el apoyo de otros regímenes que son también violadores sistemáticos de estos derechos. Si hay amargura en mis palabras es porque vienen de quien alguna vez creyó en la bondad de la diplomacia multilateral.

 ¿Cómo evalúa el estado actual de las relaciones exteriores de Cuba? ¿Cuál cree que sea su proyección en los próximos años?

Por visibles razones geográficas y otras de índole histórica tenemos que reconocer el peso de las relaciones de Cuba con los Estados Unidos. Me parece que las relaciones exteriores están hoy en compás de espera en lo tocante al gobierno de Biden. Con toda seguridad hay gestiones en marcha para contrarrestar la mala publicidad generada por la represión del Movimiento San Isidro, que va en aumento sobre otras personas. Gestiones que no sólo se enfocan en la rama ejecutiva, sino que se dirigen al Congreso, la prensa complaciente y la academia comprometida.

No me atrevo a esbozar siquiera una proyección de lo que serían las relaciones exteriores de Cuba, y por ende su diplomacia, en los próximos años. Sí deseo, para ti y para quienes lo vean, un regreso honorable a lo que fue Cuba, su gente y su visión del mundo en nuestra efímera y valiente República.

La historia de la familia Belt puede rastrearse incluso entre los acompañantes de Guillermo de Normandía en la conquista de Inglaterra en 1066 y ha atravesado la historia de varios países y continentes. Cuba puede parecer apenas un desvío en la extensa historia familiar y sin embargo usted ha elegido ser, como aquel Juan Dahlmann del cuento de Borges, hondamente cubano. ¿Qué me puede decir de esa elección?

Dahlmann, nieto de alemán, se aferró a la nacionalidad de su abuelo materno, de apellido Flores, muerto en combate en Argentina, por romanticismo, según Borges. O quién sabe por qué, es una de esas ambigüedades que Borges planteaba al lector.

Mis abuelos y abuelas nacieron en Cuba, las bisabuelas también. Y el bisabuelo John Benjamin Belt, nacido en la ciudad de Washington, descendiente de muchas generaciones de estadounidenses, tuvo el acierto de echar su suerte en Cuba, como se dice al comienzo del libro.

Y el acierto de emparentarnos, agrego ahora, mediante su esposa con Dulce María Loynaz, por vía materna.[2] Para contarlo mejor, me permito copiar un párrafo de las memorias de mi madre, publicadas privadamente:

El Arzobispo de La Habana llevó a John Benjamin al palacio del Capitán General de Cuba, Serrano, a quien llamaban el “General bonito”. Serrano le pidió a Belt que fuera tutor de sus hijos y que viviera en su palacio. Así sucedió que John Benjamin conoció a la que iba a ser su mujer, Carmen Muñoz Baena y Romay, hija del marqués de Santa Olalla, Juan Muñoz Baena y Fernández de Castro.

A diferencia de tu personaje el British, en Turcos en la niebla, me siento afortunado de haber nacido en Cuba, en 1933, mientras mi padre trabajaba por derrocar a un buen gobernante que seducido por el poder quiso perpetuarse en la presidencia. Afortunado también por la crianza que a todos nos dio mi madre, tan cubana siempre, estuviese ella en Washington, Madrid, Londres o París, mujer cosmopolita que escribió sus memorias en español cubano, a mano y en varias libretas escolares, sin aspirar a verlas publicadas. En el libro cito algunos fragmentos; ojalá los lean quienes como tú tengan esa amabilidad, y verán que para un día de fiesta quisiera yo escribir como Mamá.

La cubanía se hereda, no sólo por orgullo legítimo en nuestros antecesores, sino que también puede trasmitirse por otras vías. Mis hermanos y yo nos criamos en la casa donde nacimos todos menos Juan, a quien le tocó nacer en una clínica. Allí aprendimos las delicias del arroz con frijoles negros, la ropavieja, el arroz con picadillo y plátanos maduros, las frituras de malanga (las de seso me gustaban más), la yuca con mojo y el arroz con pollo. Ah, las croquetas de jamón y de pollo, que puedes comer a cualquier hora. De postre, dulce de guayaba con queso crema, o casquitos de guayaba, o flan de caramelo.

Mi hija mayor nació en Cuba, pero vino a los Estados Unidos con dos años de edad. Mi hija menor, el nieto y las dos nietas nacieron en este país. A todos les encantan estos platos, con la posible excepción de las frituras de seso. Y a todos les gusta mucho la música cubana.

La cubanía también se siembra. Mis padres la sembraron en mis hermanos y en mí. Continuaron esta noble tarea en su casa en Westmoreland Hills, Maryland, zona residencial de Washington, ciudad donde nació el bisabuelo John Benjamin. Nosotros, con nuestros hijos y nietos, allí nos reuníamos los domingos, en el exilio todos, como nos reuníamos antes en La Coronela, y disfrutábamos de esos platos, oíamos y bailábamos nuestra música, y hablábamos de Cuba, siempre Cuba.


Notas:

[1] Félix Fernández-Shaw: La Organización de los Estados Americanos, Ediciones Cultura Hispánica, Madrid, 1963, p. 425.

[2] Cfr. Guillermo A. Belt: “La tristeza y Dulce María”, Blog de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, 28 de octubre, 2020.